De nuevo Puigdemont
Previendo la que se nos avecina con el regreso de Puigdemont, parece que lo más sensato sería abandonarlo a su suerte en Waterloo y evitarnos así una nueva batalla campal de esas que no persiguen causas nobles, sino cualquier motivo para liarla, si no fuera porque son las decisiones judiciales que nos hacen confiar en la justicia y compensar otras injusticias sociales. La justicia avanza despacio hasta conseguir sentar tarde o temprano ante ella a los que aprovechan su influencia mediática para incitar a la violencia, y ahora le toca a Puigdemont, que hasta ahora disfrutaba de privilegios propios de un guiador de destinos humanos siendo en realidad un farsante manipulador de sueños ajenos que con su fuga admitía su delito, al contrario de socios suyos en la violencia como Junqueras, que permanecieron al pie del cañón aunque ese cañón defendiera lo indefendible y disparara contra nuestra Constitución.
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