La crisis de los ciudadanos
Se está hablando mucho en estos últimos días de los problemas por los que atraviesa la formación naranja, una crisis que lleva padeciendo desde que sufrió un durísimo revés en las pasadas elecciones generales, y que ahora le vuelve a pasar factura con los recientes acontecimientos de las comunidades de Madrid y de Murcia, en las que se puede de quedar sin voz ni voto, y, en consecuencia, cada vez con menos presencia parlamentaria y capacidad de negociación, como partido bisagra.
Pero si grave es la crisis de Ciudadanos como partido político que aspiraba a ocupar el centro estratégico y que a punto estuvo de lograrlo, más grave es aún la crisis de los ciudadanos de un país que marcha a la deriva por la ineptitud, la ineficacia y la incompetencia de la mayoría de sus representantes, que solo saben representarse a sí mismos y que están demostrando que cada día se encuentran más alejados de la realidad y de la sociedad en su conjunto.
Una sociedad que asiste perpleja a unos impresentables juegos de poder, ajenos a la mirada atónita de los ciudadanos que no entienden nada y que cada vez se sienten más ninguneados por una clase política que va a su bola y que no parece ser consciente del daño que está haciendo a la credibilidad del sistema.
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