Engañar es fácil
El engaño es el principio del "trilerismo", hacer ver "sueños" estando despiertos.
Tarde de un soleado 15 de marzo, ante un plantel de hombres "necesitados", Arrimadas inicia con éxito su primer curso de "ensoñación".
Un movimiento rápido de cubiletes, acariciados por expertas manos femeninas, coloca el dado en el lugar que solo el trilero comandante sabe.
Cierto público, que rodea la casi desguazada mesa, comienza a retirarse; el otro sonríe, inexperto, la magistral jugada.
El público del trilerismo –como dice el trilero– es el que sueña despierto, no el que pasa por la mesa y permanece, crítico, estudiando movimientos.
Quizás la experimentada señora Arrimadas no entienda que una cosa es estar soñando que la caída es por culpa de otros y otra, mucho más seria, es pasar despierto y contemplar la zozobra del barco.
"¡Dios, salve la reina!", pero ¡que vigile al escalador!
La señora Arrimadas, tiene en claro dos cosas:
El que es de... y ficha, "cobra"...
El que está... pero no firma el acta, es un "torpedeador".
Hay que reconocer que el trilerismo necesita el "equilibrio" como el comer, pero para mantenerse en la "cuerda" hace falta un "oído" perfecto... El que tal vez casi le falla a la señora Arrimadas.
La ventaja que tienen estos jugadores trileros, es que siguen existiendo "las CLA"; grupitos de expertos en aplaudir, siempre que se cobre bien.
¡Vamos!, que "la bien Pagá", tenía razón y más en política.
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