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Ciudadanos descompuestos

17 de Marzo del 2021 - Alejandro González Lada (Urbiés)

Aristóteles definía la conducta moral como un término medio (“mesotés”) entre el exceso y el defecto, y la “frónesis” sería la virtud del pensamiento moral, lo que podríamos entender como la prudencia.

Ciutadans, españolizados posteriormente como Ciudadanos, se presentaron a bombo y platillo con el sello de renovadores, como un partido de centro liberal socialdemócrata; posteriormente se desprendieron de lo de socialdemócrata y se quedaron con lo del liberal, para finalmente declararse como liberal progresista, demócrata y constitucionalista, pero en este trayecto varios reconocidos liberales, como Javier Nart y Francisco de la Torre, abandonaron el barco que amenazaba con zozobrar, y se quedaron como liberales progresistas, porque lo decían ellos mismos.

Reconozco que ser un partido de centro tiene que ser muy complicado, y Albert Rivera trató de convencer al pueblo envuelto en una orgía de banderitas con frases tan vacías como: “Recorriendo España yo no veo rojos o azules, yo veo españoles...”.

Alguno llegó a creerlo, soltando incluso algún lagrimón cuando oyó a Marta Sánchez interpretando el cacareo vespertino de su viaje a ninguna parte, pero antes de eso: ¿alguien se creyó en algún momento que Ciudadanos se ofrecía como un partido de centro?... la respuesta obviamente es que sí, porque en 2015 conseguían 40 escaños, y aunque en la repetición de las elecciones perdían 8 escaños y 400.000 votos, sería en las generales de abril de 2019 cuando conseguirían su techo con 57 escaños, para darse definitivamente el batacazo en noviembre del mismo año.

Lo que ocurrió a lo largo de estos años puede engañar a quienes se hicieron “dignos Ciudadanos” huyendo de las filas corruptas del Partido Popular, pero poco más. Vendieron un producto más falso que el retrovisor de un avión, yo en repetidas veces lo comentaba con sus simpatizantes, y lo repetía cada vez que se daba muestra de ello. Tú no puedes presentarte como el eje estabilizador entre la derecha y la izquierda cuando muestras una grave inclinación hacia la derecha, no puedes erigirte como renovador y ejercer de Judas (“No haré presidente a Rajoy” 27/06/2016) para convertirte finalmente en su único apoyo cuando llega la moción de censura. Si no estás dispuesto a apoyar un Gobierno en el que PSOE y Podemos participen, tampoco deberías hacerlo en otro en el que participen Partido Popular y Vox, sin embargo todos sabemos gracias a quiénes Madrid capital y comunidad, Andalucía o Murcia siguen en manos de aquellos que tachasteis de corruptos.

Antes de llegar a este punto, no tuvisteis el menor reparo en posar en la plaza de Colón junto a esos “radicales” con los que no queríais trato, esos que dicen que este Gobierno es el peor en 80 años, dando por buena la dictadura, que las Trece Rosas torturaron, mataron y violaron, eliminando calles y bustos de presidentes elegidos democráticamente, restaurando calles y símbolos del franquismo en otras ciudades. Todo ello lo permitís, apoyáis y auspiciáis porque sois muy españoles, muy demócratas y, sobre todo, muy de centro, tanto que posiblemente y contra lo que las malas lenguas nos vendían estuvierais en la gloria apoyando a Ayuso, porque como ella bien dice: “Cuando te llaman fascista es que estás en el lado bueno”.

Lo centrados que estabais lo vamos a ver igual que lo vimos en Cataluña, cada mochuelo retornará a su nido, y todos volveremos a ver que ese centralismo vendido a través de falsa verborrea no era más que el afán de ciertos poderes fácticos de devolver el poder a la derecha, con menos escándalos y corrupción, pero con el mismo objetivo. Ahora, una vez demostrado el falso cliché, y visto que hay cierto sector de la población que ve con buenos ojos el neofascismo, ustedes sobran en el tablero. Cuando tuvieron opción de mostrarse como centro, se ganaron el título de “falangitos”, y eso es obra y mérito de quien capitaneó, de quienes lo toleraron y, por supuesto, de quienes están o se fueron.

Al igual que pasara con el “Rosa” de UPYD, esta versión naranja va descomponiéndose poco a poco, adquiriendo el tono azulado de la putrefacción del cítrico, que llevará a unos a sillones populares, y a otros a escuchar discursos de Vox... y sí lo digo por Girauta, otro gran ciutadan.

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