El Observatorio

18 de Marzo del 2021 - Ángel Alonso Pachón (Getafe)

El famoso “incógnito social” ha desaparecido.

El individuo del siglo XXI puede presumir de legislación de derechos universales, al mismo tiempo que llevar bajo el brazo los rollos de demandas interpuestas por incumplimientos de los mismos.

Se acabó la era de los seres anónimos, del anonimato social, de la privacidad, de la intimidad.

Somos seres controlados; lupas invisibles trasladan la privacidad más íntima a través de multitud de redes que pocos conocen y muchos menos comprenden.

La sociedad actual está movida por una “inteligencia mecánica”, dirigida por “inteligencias capitalistas globalistas”, todas ellas abrazadas entre sí por el “beso hipócrita” del conocido interés fáctico.

Abrimos los móviles y ya nos indican lo que hemos visto ayer..., los libros adaptados a nuestros gustos..., los viajes que estábamos esperando..., dónde podemos comer cerca de casa... Miedo da teclear el móvil o el ordenador... la misteriosa “hada fantasma” se incrusta en ti y se expande, sin derecho del “incógnito”, por toda la Red.

La impotencia individual y social se adueña de nuestra convivencia.

La “polis” ya no es Grecia, no. La “polis” es una cárcel abierta, rodeada de todo tipo de controles sofisticados... Los carceleros ya no llevan apuntes, todo está grabado.

¿Qué defensa tenemos?, ninguna... ni la clásica defensa romana cubriéndose con sus escudos...

Eficaz, solo existiría una, la “desobediencia civil”, dirigida por esos equipos conocidos por todos y que a todos ellos se les llena la boca publicando sus bondades. Me refiero al clan de las ONG, sindicatos, asociaciones, fundaciones, casas regionales, grupos de…, etc.

Esto es imposible, todos ellos, posibles directores de la desobediencia civil, reciben cada día el peculio correspondiente, como justiprecio por el sometimiento a las normas establecidas por la “inteligencia capitalista globalista”.

La resignación, personal o colectiva, también es una cárcel.

Lo importante es saber, es conocer que dos son los enemigos a combatir: la “inteligencia capitalista globalista” y el “conjunto de servidores comprados”.

La sociedad civil, en sus múltiples formas, es la única que debe organizarse, y todos sabemos, que una “entidad” se crea y se desarrolla por individuos, por personas, libres, inteligentes, honradas y con carisma de social.

Solo la sociedad civil será capaz de hacer que las aguas cubran toda la podredumbre social existente.

Mutatis mutandis, esto sí que sería una auténtica revolución.

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