Los olvidos
Me está pasando lo mismo que relata el colaborador de esta página don Marino Iglesias Pidal en su escrito reciente “Cuando uno se queda sin palabras”. No sé cómo es lo suyo, pero en mi caso quiero entenderlo como lógico, por mis casi 86, pues de no ser lógico sería peor.
A lo que iba, hoy me faltan palabras para etiquetar como se merece al vicepresidente segundo, don Pablo, me sabe mal citar a la Iglesia para identificarlo, pues hay que ser, lo que se me olvida, para desde el despacho oficial que pagamos entre todos llamar criminales a los representantes legítimos de casi la mitad de los españoles. Y lo dice un entusiasta de la antigua URSS, que tiene olvidada hasta Putin, Corea del Norte, Cuba, Venezuela y algún otro. Se me olvidaba, firme defensor de la Segunda República del Frente Popular, que tiene el récord mundial de asesinatos en dos años, por razones de ideología y, en algunos casos, económicos, pues como ya dije en otra ocasión “muerto el perro, el collar no es de nadie” y me lo quedo.
Don Pablo, al que sus paniaguados citan hoy de valiente y desprovisto de ambiciones personales o materiales, no “comió bien” hasta que llegó a la política y con gran disgusto dejó su Vallecas natal para perseguir a los fascistas en la sierra madrileña desde un ruinoso cuartel protegido por sus añorados guardias civiles. Su cuartel lo obtuvo con la ayuda de un “préstamo” de la popular y modesta Caja de Ingenieros de Barcelona, como quien dice al lado de Vallecas. No duden de que el préstamo y sus intereses se están amortizando en especie mediante el apoyo, nada sutil, al independentismo catalán.
Siento mucho mi falta de vocabulario apropiado para la ocasión y no puedo indagar más pues nos tiene convocados Berlusconi para ver sufrir a A. D.
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