Esto tiene que acabar
Me dirijo a las personas de la Consejería de Sanidad que están tomando las medidas de obligado cumplimiento sobre las visitas de familiares a las residencias geriátricas del Principado de Asturias.
Nuestros familiares han sido el grupo más golpeado de esta pandemia y con ellos los trabajadores que los cuidan. Han aguanto como jabatos todos los meses de encierro, de lucha, de soledad, de angustia. Había que protegerlos encerrándolos en los edificios sin poder salir ni ver a sus seres queridos que, también desesperados, tenían que animarlos por teléfono o por videoconferencia, siempre y cuando la situación cognitiva lo permitiese.
Esperamos y esperamos y llegó la vacuna, incluso antes de lo esperado, y la recibieron con la sonrisa puesta desando volver un poquito a la vida.
Y pasaron los días y las semanas y los meses y siguen encerrados sin poder salir ni recibir visitas por la maldita burocracia que marca a cada municipio con unas letras que solo indican soledad.
Supongo que es lo más cómodo para el político de turno tenerlos encerrados, porque de esa forma sus cifras cuadran y pueden salir en los periódicos con las buenas noticias y mientras tanto nuestros familiares siguen sin ver ya ninguna meta porque no les dan ninguna esperanza y con ellos nosotros.
Deseamos abrazarlos, hablarles y en algunos casos solo tocarlos porque es lo único que nos queda.
Como bien se ha dicho, ponerse una vacuna tiene ciertos riesgos y tenemos que asumirlos. Lo mismo pasa con la gente que vive en estos centros residenciales, están protegidos, pero tienen riesgo si tienen contacto externo, lo asumimos.
Recordamos a toda la sociedad que, mientras el resto podemos estar en los bares, pasear, comprar o vernos en el exterior con nuestros amigos y familiares, los nuestros siguen encerrados porque es lo más cómodo para los políticos y las estadísticas.
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