Mirar por encima del hombro
Curiosamente, la Real Academia Española de la Lengua (RAE) define la altura como la medida de un cuerpo desde el punto más elevado hasta su base, lo que viene a significar desde la cabeza a los pies, en los humanos, y, sin embargo, al hablar de estatura no se refiere solo a la medida sino que lo hace también a la talla, a la altura moral de las personas, que es de quien estamos hablando.
Y es precisamente de la talla de lo que quería hablarles, porque de altura, en centímetros, estamos sobrados, pero de talla, es decir, de altura de miras, nos falta más de un metro y otro tanto habría que decir de la estatura intelectual, que brilla por su ausencia.
Quiere esto decir que, aunque podamos emplear diferentes palabras para decir lo mismo, como es el caso de la altura, de la estatura y de la talla, si queremos estar a la altura de las circunstancias, y dar la talla, literalmente hablando, no debemos mirar a nadie por encima del hombro, por mucho que nuestra estatura lo permita.
El desdén y la soberbia con la que se pronuncian algunos tiene muy poco, o casi nada, que ver con la altura, con la estatura o con la talla, que son palabras mayores cuando nos referimos a la ética y a las buenas prácticas en política, que es lo que trataba de explicar.
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