Estado de necesidad
Si imprudente era tener una economía sustentada en sectores muy dependientes de factores exógenos, aún lo era más tener un tejido social y productivo donde millones de personas vivían y/o trabajaban en la economía sumergida. Ningún país de Europa tenía, ni de lejos, la economía sumergida tan brutal que tenía España antes de la llegada la pandemia del coronavirus, solo así se entiende que, con millones de parados en las listan del INEM, siguieran llegando extranjeros a trabajar en nuestro país, la mayoría de ellos indocumentados. Pues bien, hete aquí que llegó el bicho con su guadaña para poner las cosas en orden, ya que nuestros políticos habían hecho todo lo contrario. Para salvar a millones de personas de la indigencia y evitar una situación social explosiva los bancos centrales de los países occidentales pusieron las máquinas de hacer billetes a trabajar a destajo para repartir dinero a los gobiernos y que estos, a su vez, lo repartieran a los ciudadanos y a las empresas. Naturalmente, imprimir billones en papel moneda sir respaldo de valor tendrá consecuencias negativas, pero peor sería una revolución, se han dicho. En EE UU, además de repartir cifras billonarias a las empresas, también se han repartido cheques a los ciudadanos. En Europa, sin embargo, el dinero se ha repartido de otra manera, con ERTE, con moratorias fiscales, etcétera. Muchas de las ayudas directas para las empresas en el Viejo Continente todavía no se han visto por ninguna parte, sin que esto quiera decir que no las haya habido y monumentales, por ejemplo, a las compañías aéreas. Sin embargo, centrándonos en España, millones de personas se han quedado fuera de esas ayudas; estamos hablando de millones de trabajadores sin contrato que complementaban salarios sociales que les pagaban las comunidades autónomas con trabajos en la economía sumergida. En una ciudad como Madrid o Barcelona, núcleos urbanos donde la vivienda es bastante cara, es imposible sobrevivir solo con un salario social, por mucho que el actual Gobierno haya querido extender la cobertura al mayor número posible de personas merced a la renta básica. Así, las colas de hambre tienen ahora un retrato robot: extranjero indocumentado que antes trabajaba en la economía sumergida, en la hostelería, como autónomo, en la prostitución, etcétera. Sin que esto quiera decir, por supuesto, que no haya también miles de españoles. Ahora, exactamente los mismos que fomentaron una economía dual fraudulenta y una inmigración incontrolada lloran, con lágrimas de cocodrilo, por las consecuencias de su irresponsabilidad, pero ya sabemos, o deberíamos de saber, que la impunidad es el mayor problema de este país. España ha llegado hace unos días al 120% de su PIB de Deuda, la más alta desde la Guerra de Cuba, es decir, en tres palabras: no hay dinero ¿lo hemos entendido? Y esa Deuda estratosférica la pagarán nuestros hijos y nuestros nietos con intereses, esa es la herencia que les hemos dejado. O nos vacunamos todos lo más rápidamente posible, sea con la vacuna que sea, incluidas las rusas y china, que nadie sabe por qué están vedadas, cuando hasta el rey emérito y las infantas se las han puesto, o nos vamos todos al cuerno, empezando, claro está, por los que trabajaban en la economía sumergida. No es la mismo la necesidad de un Estado que un estado de necesidad, que es en el que se encuentra España.
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