Crónica de la crispación
En mi carta a LA NUEVA ESPAÑA del pasado día 4, cuyo título es “Diecisiete 11M”, ya adelantaba lo que ocurrió después de que el PP perdiera las elecciones. Las perdió por mentir a los españoles; se calcula que más de 10 millones de ciudadanos salieron a las calles el día 13 a pedir que se les dijera quienes fueron los terroristas.
El 16 de abril de 2004, José Luis Rodríguez Zapatero es investido presidente del Gobierno de España. Pero lo llamativo fueron los escaños que sacó: 164, mientras los dirigentes del PP, que pensaban que su mayoría iba a durar mil años, perdían un 20% de los escaños que tenían hasta entonces.
La primera orden ejecutiva de presidente del Gobierno de España fue instar al ministro de Defensa, señor Bono, a que trajera a España a los soldados que Aznar y sus socios habían enviado a Irak, en una agresión a otro país que ha pasado de ser un Estado moderno a ser un Estado fallido, como estamos conociendo todos los días. Dicha repatriación fue una bofetada para Aznar y los militantes del PP, de forma especial para los de Nuevas Generaciones, provocando su crispación. Aznar, ese ser engreído, expresó su crispación mediante su cantinela: “Los que idearon el 11-M no están ni en desiertos remotos ni en montañas lejanas”. ¡Qué cobardía la de insinuar y no acusar!
No tardó mucho M. Rajoy en mostrar sus sucias pezuñas, solo seis meses. El plan que urdió era muy simple, tan simple como lo es su votante: convencerles de que las bombas del 11M las habían colocado policías a las órdenes del PSOE. Es lo que se conoció como “la conspiranoia”. Esta terrible etapa política, que enfrentó a los crispados votantes del PP con el resto de los españoles, comenzó el 10 de octubre de 2004. En una entrevista que ese día le hizo “El Mundo”, M. Rajoy declaró: “No me creo que los detenidos por el 11M organizaran los atentados”, y tal declaración no estaba causada por su aparente habitual dislexia. Pero M. Rajoy contó con dos cómplices mediáticos: “El Mundo” de P. J. Ramírez y de Eduardo Inda, y la emisora de la Conferencia Episcopal, la COPE, que dirigía Jiménez Losantos. Las noticias de ambos medios de manipulación estaban destinadas a crispar a los partidarios del PP, porque les hacían creer que el Gobierno Zapatero les habían robado las elecciones.
Como ha pasado algún tiempo desde entonces conviene recordar la índole de ambos canallas, personas despreciables y de malos procederes según la tercera acepción de la RAE.
Ramírez es una especie de Doctor Jekyll y Mr. Hyde. Estudió en la Universidad de Navarra, la que Carrero Blanco concedió al Opus Dei en 1952: y por ello, la impronta opusdeística le hace odiar al PSOE; funciona así como el Doctor Jekyll. Sin embargo, en lo personal se vuelve Mr. Hyde, y son de dominio público vídeos en los que una mujer negra, equipada con un arnés que lleva al final un pene enorme de plástico, le sodomiza.
Jiménez Losantos es otro personaje curioso. Según él ha contado, militó en la Organización Comunista de España y posteriormente en el Partit Socialista Unificat de Catalunya. Por último, nos hace saber que en 1979 estuvo en China, donde, según él, se desengañó del comunismo.
Que en unos tiempos en los que la Brigada Político Social, la Gestapo del franquismo, detenía continuamente a militantes de los partidos en los que Jiménez militaba y no lo hubiera detenido ni una sola vez es muy extraño, pero lo que es increíble es que hubiera viajado a China y no hubiera sido detenido a su vuelta. Él achacaba su cojera a un tiro que Terra Lliure le disparó en la rodilla, pero no parece ser el método de esos terroristas, que utilizaron siempre la dinamita. Sin embargo, sí coincide con el castigo que otro grupo terrorista, el IRA (Irish Republican Army), aplicaba a los delatores para que su cojera les señalara. Por tanto, más parece que tal castigo le fue aplicado a uno de los partidos en los que militó, por la misma razón que el IRA los tiroteaba.
Lo grave es que para hacerse ricos Ramírez y Giménez instilaron tanto odio en los afiliados del PP que cuando doña Pilar Manjón, madre de una de las víctimas, acudió a la comisión del 11M, los hombres y mujeres del PP, que rodeaban el Congreso, le gritaron la iniquidad: “Métete tus muertos por el culo”. Entre aquellas hienas también había mujeres, ¿cómo es posible que alguien que quizás sea madre pueda decirle a una madre que perdió a su único hijo tal frase? Rajoy, Ramírez y Losantos llevaron al PP a la crispación.
M. Rajoy, como Trump, intentó deslegitimar los votos del ganador.
Al cumplir el año del Gobierno, Zapatero promulgó la ley de matrimonio de las personas del mismo sexo, y ello crispó a la Conferencia Episcopal, que se encasquetaron la gorrilla de jubilado, se colgaron un silbato y salieron a la calle a gritar su crispación. ¿Qué opinarán ahora los rourquianos, como el obispo de Oviedo, de la entrevista al Papa Francisco en la que afirmó el derecho que los homosexuales tienen a crear una familia?
La crispación de los militantes del PP fue tal que, durante una manifestación contra ETA, vimos un vídeo en el que dos militantes del PP que iban detrás del ministro de Defensa, Bono, y de la expresidenta de Víctimas del Terrorismo, les golpeaban en la cabeza con el palo de una pancarta. Detenidos por la Policía, Esperanza Aguirre corrió a defenderlos, llamando Gestapilla a los policías que acudieron a su domicilio para llevarlos a declarar. Y otra vez, considerándose perseguidos, los del PP se crisparon.
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