Juicio popular
Desde siempre he confiado en la Justicia de este país porque en ella intervienen diferentes elementos que llevan a pensar que aunque alguno de ellos funcionara puntual y anormalmente durante el proceso, los otros se encargarían de compensarlo para que el resultado final fuera justo. Esto viene a cuento de que durante estos días se está sometiendo a Antonio David Flores a un juicio festivo popular que se asemeja mucho a la compra de las memorias de Rocío Carrasco en el que el primer pago sería el mandar a la calle a don Antonio. Después de que este hombre haya sido sometido a juicio por los tribunales y que estos hayan verificado tras el análisis de las pruebas presentadas por doña Rocío que no era un maltratador, asistimos al juicio jodidísimo donde con un par están desmontando paso a paso, euro a euro, hipótesis tras hipótesis, la validez de un proceso judicial profesional. Parece que el proceso judicial festivo cuenta con la suficiente audiencia para corroborar que ya estamos acostumbrados a ver a la justicia como farándula o no nos importa convertirla en ella mientras no sea a costa nuestra.
Resulta entretenida una representación teatral con una puesta en escena tan lograda, pero supongo que tendrá que haber un momento entre acto y acto en que seamos conscientes de que el acusado no es un actor, que acaba de perder el trabajo con el que hasta ahora mantenía a su familia, y encima a costa de colgarle al cuello, por si tuviera a bien colgarse con él, el cartel de maltratador después de haber sido declarado no culpable por un tribunal judicial.
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