Doña Dolores y Calvo Sotelo
Muy recientemente leí con cierta dificultad, pues no soy experto en prensa digital y el periódico donde se publicó no se comercializa donde la pandemia nos tiene "secuestrados", digo leí un escrito de don Francisco Carantoña Álvarez, hijo del director durante cuarenta años del diario gijonés "El Comercio".
Lo que ocurre con el Sr. Carantoña Álvarez es muy común en los hijos que vivieron estupendamente durante el franquismo debido a la posición social de sus padres. Es lógico, como el girasol, girando siempre hacia el sol que más calienta.
También a mí, a su contra, hijo de un gruista del puerto de San Juan en Avilés, me gustó ver a doña Dolores Ibarruri paseando por Madrid, pero me habría gustado más verla acompañada por el Sr. Calvo Sotelo. Esto no fue posible, y tanto usted como yo sabemos por qué.
Doña Dolores, más conocida como "la Pasionaria", pues con pasión y ardor en sus discursos consiguió lo que parecía imposible, que el propio Estado asesinara al líder de la oposición.
Cuando su poder se extinguió y se asiló en la democrática URSS, el señor Calvo Sotelo se quedaba dando ortigas, perdón por la ordinariez.
Menciona también como ilustre luchador por la libertad a don Marcelino Camacho, sindicalista vertical primero y después secretario de CC OO. Don Marcelino, mientras los afiliados a su sindicato apenas podían pasar un par de días en Santa Pola, con crucero a la isla de Tabarca, él veraneaba invitado en la Rumanía de Ceaucescu y Sra. y volvía enamorado de su democracia.
Continuando con doña Dolores, mientras ella vivía en la opulencia en la URSS, aquí las pasábamos canutas en la posguerra.
Solo son unos someros apuntes de un iluso ignorante que de ninguna manera piensa competir con un elocuente catedrático, pero para contar realidades es suficiente con haberlas observado.
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