Jesús de Nazaret, ejemplo de vida
La Semana Santa ayer, hace cien años, lo era con fe, conmemorativamente, religiosa de verdad, si bien había casos de un gran tremendismo, demasiada condensación y azufre. Todo dependía del predicador de turno. Había púlpitos que despedían llamas por los cuatro costados. Luego, después de aquel tremendismo se pasó a todo lo contario, puente, vacación y pegarse la vida padre por otros lugares, playas, esquí, montaña y medio rural. Hoy, ni lo uno ni lo otro. Una pandemia que convierte la Semana Santa en una verdadera pasión con contagios, enfermedad y muerte por todas partes, casas, residencias y hospitales.
Después de este obligado preámbulo, vamos a lo que queremos destacar hoy aquí, como es la vida ejemplar de Jesús de Nazaret, su ora vida callada y silenciosa, 30 años, tan distinta de la pública de tres años que terminó en la muerte redentora en una cruz. ¿Y cómo había sido esa otra vida callada y silenciosa de Jesús de Nazaret que comenzó con su nacimiento en el pesebre de un establo y terminó cuando inició su vida pública? Pues desde un principio sería la propia de un niño como los demás, jugaría con ellos, lo mismo ocurriría con su adolescencia y juventud, y finalmente ya de mayor en la carpintería ayudando a su padre, San José, pero en todo momento y época con una ejemplaridad propia de ser quien era, que asombraría a las gentes. Pues bien, en esta pandémica Semana Santa hagamos nuestro este ejemplo de vida que es la convivencia y la solidaridad, amén de llevarse bien con los demás, comenzando por uno mismo. Todo esto es lo que ha querido decir y dejarnos Jesús de Nazaret en su periplo humano, que terminó en el Gólgota colgando de una cruz.
Si hacemos nuestro el ejemplo de vida de Jesús de Nazaret, este mundo nuestro puede ser mejor y más habitable. Intentémoslo, por favor, en esta pandémica Semana Santa. Y que ella nos traiga cuanto antes la normalidad sanitaria, social y económica.
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