Bandoleros

3 de Abril del 2021 - Marcelo Noboa Fiallo (Gijón)

“Aquel que tenga ojos para ver y oídos para oír, se convencerá

de que los mortales no pueden guardar ningún secreto.

Aquel cuyos labios callan, se delata con la punta de los dedos;

el secreto quiere salírsele por todos los poros”

Sigmund Freud

Hace unos años, en el juicio que se seguía contra nueve presuntos terroristas acusados de formar parte del yihadismo internacional, en la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, el juez Javier Gómez Bermúdez no permitió declarar a Fátima Hssini como testigo con el rostro cubierto, por lo que le requirió a que se descubriera, a lo que la testigo se negó, alegando sus creencias religiosas.

El juez le explico que las leyes españolas no permiten declarar sin mostrar todo su rostro porque “el principio de publicidad, al tratarse de un juicio oral, exige que el tribunal, los letrados y los acusados puedan presenciar no solo sus respuestas, sino también sus reacciones y que los magistrados puedan valorar su credibilidad”. Como la testigo mantuvo su negativa, el tribunal la expulsó de la sala.

En la mayor parte de los países de Europa se lleva debatiendo cómo hacer compatibles las creencias religiosas con la necesaria identificación de un testigo o acusado en los tribunales de justicia.

Hace unos días, el juez del tribunal que juzga los “Papeles de Bárcenas”, el magistrado José Antonio Mora, permitió que testigos relevantes del mismo, que están obligados a decir verdad, testificaran desde sus domicilios para evitarles el “paseíllo” por la sede del Tribunal de Justicia. Privilegio que, hasta la fecha, nadie sabe las razones objetivas que llevaron al juez a tomar dicha decisión, ahondando, eso sí, en la lamentable opinión popular sobre que la justicia no es igual para todos.

El caso es que los testigos no solo hicieron uso de este privilegio, sino que, además, testificaron con mascarillas XXL, al estilo de los grandes bandoleros, lo que dificultaba incluso su identificación. Si no fuera por la voz (¿alguien pondría la mano en el fuego, por asegurar que las voces de Aznar, Rato, Trillo... salían de los personajes que testificaban tras las máscaras de bandoleros?) a los televidentes que hemos visto las imágenes nos habría costado mucho reconocerlos.

En cualquier caso, creo que fue más fácil la identificación por las respuestas. En esto sí que no había ninguna duda para identificar a los bandoleros. Nadie como ellos para reírse de los jueces, de los tribunales y de los españoles. Sus respuestas impertinentes, la falta de respeto al juicio, al procedimiento. El cinismo que forma parte del ADN del PP, no nos lleva a ninguna duda de que son ellos. Los que gobernaron este país emborrachados de poder en aquellos años de “vino y rosas”.

No terminan ahí las prerrogativas. Tanto el ministerio fiscal como la Abogacía del Estado declinaron hacer preguntas tanto a M. Rajoy como a “Ansar”.

Llevamos ya mucho tiempo escuchando a Mariano Rajoy que él no es M. Rajoy, que aparece en los papeles de Bárcenas, como perceptor de dinero negro, pero hasta ahora no habíamos oído a “Ansar” decir que J.M. no es él, ni al inefable señorito andaluz, Javier Arenas, decir que “él no es el único Javier Arenas en el PP”. Estamos curados de espanto.

Sí, estamos curados de espanto, cuando el abogado pregunta a M. Rajoy, sobre el famoso mensaje dirigido a Bárcenas: “Luis, sé fuerte”. La respuesta de Rajoy es la esperada, “fue poco afortunada”, fin de la historia. Esta primera parte de la frase, carece de importancia desde el punto de vista procesal, no así, la segunda parte de la misma: “...hacemos lo que podemos”, porque ésta si da pie a continuar con el interrogatorio y llegar a saber qué es lo que hacía M. Rajoy, para evitar que Bárcenas fuera a la cárcel.

En dos ocasiones los tribunales han dictado sentencia sobre la existencia de una caja B en el Partido Popular (Audiencia Nacional y Tribunal Supremo). La última provocó la moción de censura en el Parlamento y la salida del Gobierno del PP de Mariano Rajoy. Ellos continúan enmendando la plana al mismísimo alto Tribunal en sede judicial, “No existe ninguna contabilidad B del partido Popular” (M. Rajoy y “Ansar”). Es lo que tiene ser bandoleros VIP.

Cuando “Ansar” miente, no se le nota (véase la entrevista de J. Évole) ha llegado a ejercer un dominio cínico con las cámaras poco común. En cambio, a Federico Trillo se le nota demasiado, se le ha notado siempre. En el juicio le han preguntado por el dinero que sirvió para pagar su defensa por las denuncias del caso “Yak-42” (accidente en el que murieron 62 militares), no pudimos verle el rostro, pero la agitación de la voz lo delataba.

La perla del día en que comparecieron los bandoleros VIP la puso como siempre el bandolero mayor, “Ansar”, el desacomplejado. El letrado Gonzalo Boye, le pregunta, ¿está usted, solo, señor Aznar?

–Aznar: Sí, por supuesto.

–Letrado: Lo pregunto por lo de la mascarilla. Si usted está solo en su casa, no es necesario que lleve mascarilla.

–Aznar: La llevo porque yo respeto las recomendaciones sanitarias

¿Alguien da más?

Este “Ansar” es el mismo que, cuando las autoridades de tráfico preocupados por el número de muertos en las carreteras, lanzaron aquel anuncio sobre la incompatibilidad de bebida y conducción, “no podemos conducir por ti”. En un acto público, con asombrosa chulería, espeto: “Y quien te ha dicho a ti que quiero que conduzcas por mí” o “¿Quién te ha dicho a ti las copas de vino que yo tengo o no tengo que beber?, déjame que las beba tranquilo”.

Unos años más tarde, el que fuera su portavoz del Gobierno y “gurú” de sus triunfos electorales, fue detenido en Madrid por cuadruplicar la tasa de alcohol, después de provocar un choque con tres vehículos estacionados en el distrito de El Retiro. Hoy, ejerce otra vez de “gurú” de Isabel Díaz Ayuso. Le ha prometido llevarla a la Moncloa.

El otro gran bandolero, el que entra y sala de la cárcel por las fechorías que cometió, durante el “milagro económico español”, tampoco sabe nada de la caja B. Pero con este bandolero ya los jueces no insisten porque le quedan tantos juicios que no tendrá años para cumplir condenas.

Disfruté mucho con la serie de los 70 “Curro Jiménez” y sus bandoleros, estos me producen vergüenza ajena. Vergüenza de país. Vergüenza de justicia.

Al final las mascarillas XXL estaban sirviendo para que no se les notara que se estaban riendo de todos nosotros.

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