La caza no fosiliza los problemas de convivencia con la ganadería extensiva
Recientemente ha sido publicado un discurso oficial divulgado a través de un potente aparato mediático, referido a la caza deportiva, significándola como elemento que fosiliza (estanca, no deja avanzar) los problemas de convivencia con la ganadería extensiva. Es algo nuevo que unir a la proyección de un proceso iniciado, que tiene la contundente evidencia de sostener un mensaje nítido que solo contempla un camino: poner cerco a la actividad cinegética, para terminar con su práctica.
Desafortunadamente la predisposición o tendencia de los actúales instructores que alientan el rechazo frontal a la caza, insensibiliza cualquier consideración racionalista proveniente de este sector; polarizan todos sus esfuerzos en evidenciar su oposición y despertar la conciencia en el "caladero" de la ciudadanía urbanita; a quien intentan hacerle llegar informes distorsionados de que la caza es una agresión a la naturaleza, más que una ejercicio que contribuye a protegerla para conservarla.
Expertos medioambientales han cambiado el criterio que tenían sobre la caza; han llegado a la convicción de que se trata de un aprovechamiento natural, siempre que se haga sostenible, compatible con la conservación de la Biodiversidad, dando lugar a que se genere una importante corriente socio-económico que impulsa el progreso social de su entorno local y comarcal. De todo ello se deduce, que el mundo de la ganadería extensiva e intensiva con estas propuestas forzosamente gana enteros, ayuda a mejorar en cualquier escenario la normalización de la convivencia estable. Nunca, salvo excepción, el medio rural se ha pronunciado de forma generalizada, en ningún aspecto, desfavorable a la práctica de la caza, más por el contrario lo consideran un activo seguro en la zona. No existe conflictividad entre el cazador y el hombre del campo. Es precisamente en el sector primario en donde se conoce y comprende esta actividad.
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