¡Salta, Elías, salta, maldita sea!
Papá se nos fue en 2013 y mamá en 2019. Ese mismo año, 2019, Blanca, tu mujer, nos dejó repentinamente y ahora te ha tocado a ti, querido hermano.
En 1968, siendo alumno de la Uni (Universidad Laboral de Gijón), fuiste campeón de España en salto de longitud. Batiste el récord infantil con un salto de 6,16 metros. Recuerdo que me comentaste, si entreno fuerte y paso los 7,50 iré a las olimpiadas de 1972 en Múnich o si no a Montreal en 1976. No pudo ser, tu vida tomó otros derroteros y tuviste que dejar el deporte.
Papá te hizo una vitrina para exponer las medallas que ganabas en las competiciones de atletismo. No solo en longitud, también en velocidad, 100 y 200 metros y en relevos.
En la Uni coincidimos estudiando, cada uno en su curso, como también coincidimos en la Ciudad de Vacaciones de Perlora, trabajando en los veranos para poder tener un duro en bolso, que se decía por aquellos tiempos.
En la Uni, querido hermano, formaste parte del conjunto músico vocal “Los Fantasmas”, una etapa como guitarra rítmica y otra como batería, en compañía de Juanjo, Emi y Giraldo. La música era una de tus grandes aficiones. No me olvidaré de tus dotes artísticas con el dibujo y las manualidades. En estos últimos tiempos has creado en tu casa una galería de postín con tus diversos dibujos enmarcados.
Elías, quedan por estos lares tus hijos, Mónica y Telémaco; tus nietos, Cristian, Alexis, Abel y Paula, y tus hermanos, Olegario y David, muy tristes y apenados, que sin duda te tendrán siempre en su recuerdo.
Dejas huella, hermano mío, una profunda huella y muchas vivencias que compartimos siendo niños: en Villalegre (Avilés), en Almodóvar del Río (Córdoba), en Torrelodones (Madrid) y vuelta a Villalegre. Luego vino la Uni y ya no volvimos a la casa de nuestros padres.
En Perlora coincidimos trabajando un par de veranos y también coincidimos en echarnos novia. Allí conocimos a las que serían nuestras esposas.
Luego cada uno tiró por su lado, pero siempre en contacto. Con nuestro hermano Olegario, de otra generación, apenas convivimos, pero ambos le queremos de la misma manera que tú y yo.
Maldita sea, primero se fue Blanca y ahora te vas tú, Elías. Estabas en la última etapa de la vida, ya habías superado la falta de Blanca y comenzabas a disfrutar de una merecida jubilación, pero no te ha dado tiempo, te han robado el tiempo. ¡Maldita sea!
Te estábamos esperando, querido hermano, Juanjo, Chusi, Ramón y yo. Habíamos formado con la nostalgia de los tiempos de Perlora un grupo, “Los 4 de Perlora”, y nos faltabas tú, el quinto “Beatle”. No pudo ser. ¡Maldita sea!
No me resisto a confesarte, hermano mío, la profunda tristeza y cierta decepción que sufrí durante el sepelio, no me lo esperaba, de verdad. A cuánta buena gente hemos echado de menos, Elías. Tú te lo llevarás contigo y yo lo recordaré durante algún tiempo. Maldita pandemia, quizá tenga la culpa de todo. Dicho desde el máximo respeto a las personas y a las decisiones que adoptan.
Entre mis sueños te veo, a mi lado otra vez, y tu rostro tan sereno, con su blanca palidez. Esta bonita canción era una de tus favoritas. Recuerdo que la cantaste acompañándote con la guitarra en el gran teatro de la Uni.
Salta Elías, salta, maldita sea. Ya no hay tiempo, en ese otro teatro, el de la vida, tu acto ha terminado. Descansa en paz, querido hermano.
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