Traición
La segunda parte de mi vida laboral la he pasado intentando combatir el desempleo durante 37 años. Fue bastante inútil. En todos esos años, y tras mi jubilación, el desempleo se mantuvo por encima del 3% que se considera pleno empleo. Solo mediante la malévola burbuja de la construcción, con su locura y engaño económico, se llegó al 8,8%. Una cifra que ya quisiéramos tener prevista, pero que es el doble de la previsión que tiene Alemania tras la pandemia (4,4%), y la mitad de la nuestra tras la misma (17,6% o más).
En España hay una gran cantidad de cosas que deberíamos realizar con nuestras propias fuerzas, y en Asturias la cantidad es enorme: hemos de tener excedentes de energía renovable para conseguir la gran cantidad de hidrógeno verde que necesitamos; hemos de luchar contra las consecuencias del cambio climático protegiendo de inundaciones nuestras costas, riberas de ríos, y a los bosques de su quema; hemos de producir excedentes alimenticios para que nuestra industria alimentaria exporte; hemos de vigilar las especies de nuestro mar que están cambiando; hemos de mantener nuestra tradición metalúrgica; hemos de instalar robots, algoritmos e inteligencia artificial... Pero al mismo tiempo tenemos ingentes cantidades de recursos infrautilizados. Uno no se puede ni imaginar la cantidad de cosas que se podrían llegar a hacer si se superase la vergüenza para exclamar: ¡Por qué no dejamos de hacerlo así! Por ejemplo: durante los 7 días de la semana trabajamos 5: la rentabilidad de los recursos invertidos es 71,43%. ¿Por qué no un 100%? Os imagino la respuesta: “¡Porque hay que descansar!”. Pero... “La Máquina” (robots más IA) ¿para qué está? Ese total diario se podría lograr formando equipos de dos o tres personas por puesto de trabajo. Incluso aumentaría el tiempo de descanso desde ese 28,57% actual a un posible 33,3% o más. En el caso del más importante recurso que tiene cualquier país, que es la actividad ocupacional de sus jóvenes, resulta que en Asturias: se marchan muchos a otros países y la tasa de inactividad de los que se quedan es del 60,7%. Esto es pura traición. Para colmo, la deuda (que les quedará a ellos) crece para alimentar a gran cantidad de gente que no pasa hambre pero que, sin vergüenza alguna, cree que es indispensable seguir estando así. ¿Quién se hace responsable? La democracia se deteriora, las empresas no asumen retos y el sistema político ha caído en manos de sistemas económicos espurios. Además, a conceptos que podrían ser buenos se les dice abominables.
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