AstraZeneca
Cuando se ponen medicamentos nuevos a pacientes (es cierto, después de ensayos clínicos rigurosos) suelen estos pacientes tener una enfermedad crónica o una enfermedad donde los medicamentos actuales no resuelven su situación, con lo cual, nada parecido a ponerse un remedio sin sufrir la enfermedad en propias carnes.
Las vacunas por eso tienen algunos detractores. Interpretan los escépticos que pueden escaparse al riesgo de cualquier virus o pandemia o, de contagiarse, que serán de los que pasarán todo sin efectos adversos. De ahí que nuestros gobernantes, nuestros expertos, tengan que explicar muy bien todo, y si practicaran con el ejemplo mucho mejor; sería ponerse ellos la vacuna para concienciar a la gente de los beneficios de la misma. Pedro, Pablo, Teresa, Carolina, Simón... así como hicieron varios gobernantes de otros países, ellos debieran ofrecerse para vacunarse. No lo harán, se les aprecia timoratos crónicos.
¿En manos de quién estamos? Son ustedes los que meten la incertidumbre entre los posibles receptores de la vacuna. Resulta que primero no se aconsejaba a mayores de 55 años, fueron dando tumbos y cambiando abanicos de edades sin parar, incluso parando la vacunación, hasta llegar a ahora mismo, donde van a ponérsela a los que tienen entre 60 a 69 años, precisamente las edades donde la vacuna AstraZeneca no hizo ensayos clínicos con ellos: mayor incongruencia no se vio.
Señores políticos (todos), muy especialmente a los que tienen responsabilidades de mando y gestión: ¿sería mucho pedirles seriedad y coherencia?
No pueden sus decisiones tener tan poca consistencia, ustedes son, con su desbarajuste mental, quienes alarman o al menos meten en la disyuntiva de elegir entre lo malo y lo peor. En vez de dar ejemplo con todo aquello que aconsejan, se dedican a sembrar incertidumbres, dudas y descrédito.
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