El Perlamento
Estamos ya bastante acostumbrados a que los señores diputados se lancen dardos envenenados y que aprovechen sus intervenciones en el Parlamento para hacer lo contrario a parlamentar, es decir, a discutir sobre temas diversos con el sano propósito de llegar a acuerdos de interés general, que es la razón fundamental por la que se les ha elegido.
Sin embargo, en lugar de hablar con el conocimiento y la mesura que se les supone, generalmente tratan de lucirse lanzándose "perlas" a granel, sin otro objetivo que llamar la atención y acaparar titulares en los medios, que lo importante es que hablen de uno. Con esta filosofía como bandera, el resultado es el que todos conocemos, que no es otro que el de soltarse lindezas los unos a los otros, sin el menor ánimo constructivo, sino más bien con el propósito de destruir al contrario.
A nadie le extrañan ya los vapuleos, insultos y descalificaciones groseras que salen del Hemiciclo y que son difundidos por los medios de comunicación, que no tienen empacho alguno en reproducirlos, pero, eso sí, "arrimando el ascua a su sardina", o lo que es lo mismo, aplaudiendo o ridiculizando, "según el color del cristal" con que se mire, lo que sale del Perlamento.
Otra vez el corrector me la ha jugado.
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