Planeta asturiano
En todo forofismo nacionalista hay una hinchazón o hipertrofia exaltada del ego y los sentimientos naturales territoriales de apego. Es falaz identificar a España solo con determinadas regiones, ideologías, clichés varados en el tiempo. España es convivencia, paz social y democracia.
España existe en clave pluralista, de encrucijada de cultura, variados acentos y lenguas, complementarias alteridades. La fuerza de la diversidad podría ser un gran motor cultural y de prestigio. No existe ningún Estado homogéneo ni “puro” y ya venciendo la concepción cívica e integradora ciudadana frente a exclusiones, integrismos anuladores y visiones muy cerradas de lo que significa ser “natural” tradicional de un país o Estado. El caso de Asturias es interesante: contando con todos los elementos identitarios históricos, con un fuerte regionalismo de sentimiento puramente nostálgico o de apego emocional a la tierrina, nuestra insignificancia como territorio crece por momentos. Asturias como “mito operante” de los orígenes y cuna de una determinada concepción predeterminada de España aún prevalece y domina nuestra mentalidad colectiva como asturianos. Lo que está claro es que los asturianos, por realidad constatada a lo largo de los siglos, siempre hemos compaginado perfectamente la profunda sentimentalidad por las raíces asturianas con una visión o horizontes mucho más amplios y producto, en muchas ocasiones, de una condición de transterrados. Eso no impide, actualmente, cerciorarse de la realidad crítica de Asturias, una región con graves sangrías demográficas de empleo y de vaciamiento rural.
Un regionalismo sereno, firme y transversal a todas las formaciones políticas, un regionalismo que nos posicione en el mapa español y europeo no de las ruinas industriales, el envejecimiento galopante y la condición de autonomía en el furgón de cola sería digno de consideración, admiración y muestra de verdadero compromiso con nuestra patria regional. Hasta Madrid, con Díaz-Ayuso, se saca de la manga un “nacionalismo” reivindicativo, saliendo en defensa de las singularidades económicas, fiscales y de nivel de vida del territorio capitalino de muy holgado pasar. Asturias no tendría que fiarlo todo al turismo masificado. A esta industrial región de centro-izquierda no le sentaría nada mal un regionalismo transversal de luces largas, aunque hoy seamos furgón de cola y dependientes de las cajas estatales comunes más que nadie. Fuimos avanzados y vanguardia. Y sin caer en lo jeremiaco hay que tomar conciencia, sin cerrarnos ni ser mala gente, de “lo asturiano” como potencial cultural, económico, social e innovador de futuro, asentados en una historia milenaria de éxitos y reveses, hitos y ocasos, esperanzas y logros sociales.
Y “lo asturianu” ye puxas per toles coses que nos faen y ficieron ser como somos, prestosamente.
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