La vida es algo más que hablar y teclear
Salgo a pasear y me fijo en la gente que pasa a mi lado. Los jóvenes, y no tan jóvenes, van hablando sin parar por el dichoso móvil. Escucho sus interlocuciones en intermitencia, según van pasando a mi lado. Se escuchan al completo las conversaciones cuando los parlanchines de móvil circulan en tren, en autobús (en avión está prohibido) o están sentados en una mesa del bar.
¿Qué tal, qué haces? Aquí, ¿y tú? Por aquí –acaba de salir de su casa y habla con la persona que se quedó en casa–. ¿Por dónde andas? Estoy llegando a casa. Vale –es tan urgente que no puede esperar llegar a su casa–. Me surge una duda, ¿estas personas se hablan en su casa?
Un buen amigo me decía hace tiempo que, desde el invento del móvil, era incapaz de ir en el coche sin hablar por teléfono. Me aburro y se me hace el viaje muy largo si no hablo. Para mí que lo del anuncio “me gusta conducir” no va mucho con mi amigo. Habla de trabajo, de comidas y de restaurantes, de las vacaciones o de planes para el fin de semana. El caso es hablar, de lo que sea. Con el agravante de que las distracciones en el coche suelen tener efectos muy nocivos. Uno se pregunta cómo lo hacía antes de que se inventase el dichoso móvil.
Cuando veo una pareja, o dos amigos, sentados en un bar, y cada uno “manejando” su teléfono, apenas sin hablarse, no sé si siento pena o rabia. Es más que probable que esas mismas personas no paren de hablar cuando estén separadas, eso sí, por el dichoso móvil.
La misma situación, pero más grave si cabe, se produce cuando un matrimonio y sus hijos comparten mesa en un restaurante –en su casa no los puedo ver–, comen con una mano y en la otra tienen pegado el móvil. ¿Se puede decir que están haciendo una comida familiar? Claro, lo de hablar, dialogar y comunicarse es totalmente secundario, por no decir simplemente prescindible.
No puede ser, no debería ser así, esto no es estar con los tiempos, a esto llanamente se le conoce como ser un maleducado con los acompañantes y contigo mismo, en mi modesta opinión.
¿Qué pasaría si estuviésemos 24 horas sin móvil?
Que volveríamos a saborear la conversación cara a cara, con amigos, con la familia. Que cuando paseamos o caminamos volveríamos a otear el panorama, a admirar el paisaje, a fijarnos en lo que tenemos alrededor y, tal vez lo más importante, volveríamos a pensar y a meditar. Que, aunque parezca mentira, tendríamos más tiempo para muchas más cosas. “A cada cosa su tiempo y un tiempo para cada cosa”. No deberíamos ser esclavos del dichoso móvil.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

