¡Qué alegría, un atasco!
Quién nos lo iba a decir que echáramos de menos los atascos de hace poco más de un año y que íbamos a entusiasmarnos al verlos aparecer de nuevo en el horizonte de las entradas y salidas de nuestras ciudades, hasta el punto de escuchar exclamaciones como la del título de esta carta que salió de boca de un taxista ayer al acercarnos a Madrid por la carretera de Burgos. Una carretera que, antes del coronavirus, era absolutamente insufrible y que ahora nos vuelve a alegrar la vida y a devolvernos la esperanza.
Parece mentira que lo que veíamos antes como un suplicio ahora nos parezca una bendición, que las calles repletas de peatones y de coches, que antes nos agobiaban, ahora nos alegren la vida, que comprobar cómo el comercio empieza a llenarse de gente, de colas para todo, y de consumo sin fin, significa la vuelta a la normalidad, una normalidad apresurada y urgente que tanto extrañábamos y que parece que, por fin, vuelve para quedarse, para que todo se recomponga, para que volvamos a vivir deprisa, deprisa, sin pausa, como si no hubiera un mañana.
Sinceramente, no sé si habremos aprendido algo.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

