Y el abrazo, ¿para cuándo?
Sonrisas de buenos días, la gerontogimnasia diaria, las terapias de psicoestimulación y rehabilitación, momentos de baile, musicoterapia, talleres de cocina... Todo se apagó un 13 de marzo de 2020, el último día que los centros de día para personas mayores dependientes del Principado de Asturias funcionaron con la normalidad antes conocida.
Durante cuatro largos meses, todo se nubló para las personas mayores usuarias de estos centros de día. Fue un tiempo de incertidumbre, de no saber cuándo íbamos a volver. Tampoco en qué condiciones, ni si íbamos a estar todos. Las conversaciones telefónicas con los familiares de usuarios para ver cómo lo estaban llevando siempre incluían un “¿Volverá a abrir el centro de día?”, “Se le está notando muchísimo la falta de las actividades del centro, no sé cómo va acabar esto”.
En julio volvemos, y lo hacemos con la sensación de que ha pasado una eternidad y que ya nada volverá a ser igual. Comprobamos cómo el confinamiento había hecho mella en nuestros mayores, pues al regreso, muchos de ellos presentaban mayor dificultad para caminar, eran más dependientes, y la desorientación temporal era más evidente.
Los profesionales nos preparamos para esta nueva etapa en la que nuestra prioridad es la seguridad de nuestros mayores. Convertimos la toma de temperatura y el uso de gel hidroalcohólico en nuestra rutina diaria de bienvenida. Y, dentro de estas y otras muchas medidas de seguridad, intentamos conseguir la tan ansiada “nueva normalidad”. Ahora que han pasado unos meses, vemos cómo nuestros mayores están recuperando las capacidades que habían mermado durante el confinamiento, lo que demuestra la importante labor que los centros de día desempeñan para el mantenimiento y la mejora de la calidad de vida de las personas mayores.
Pese a todo lo ocurrido, ellos nos dan una lección diaria de resiliencia y no pierden la esperanza de poder recuperar, en un futuro cercano, el contacto físico que nos permita darnos ese abrazo de bienvenida que la pandemia nos negó.
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