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Pensiones vs. Empleo

15 de Abril del 2021 - José Luis Álvarez Sahagún (Pola de Laviana)

El ministro de Seguridad Social quiere llevar a cabo una reforma en las pensiones, penalizando las jubilaciones anticipadas y premiando a quienes retrasen su jubilación. Desconozco si estas ideas son fruto de su intelecto, de las privilegiadas mentes de sus asesores o de la imposición de los “jefes” europeos. En cualquier caso, a mi juicio, no me parecen las más adecuadas para solventar los problemas de liquidez de las arcas de la Seguridad Social que el Ministerio pone como argumento justificativo, ni mucho menos acertadas para paliar el verdadero problema que es el desempleo.

Es recurrente cada cierto tiempo recordarnos los problemas económicos de la Seguridad Social y el riesgo futuro que ello supone para esa Administración, afortunadamente sigue subsistiendo aun en las adversas condiciones del entorno.

Es fácil proponer penalización a jubilaciones anticipadas, máxime cuando se quiere dar a entender que la repercusión será para aquellas de máxima cuantía, porque el recorte se pretende hacer sobre la pensión a percibir y no sobre la base reguladora. Pero, no nos engañemos, las matemáticas son una ciencia exacta y habría que hacer encajes para tener un resultado justo y acorde al proyecto ministerial. Dejar la vida activa laboral ya supone una merma económica, pero muchos trabajadores/as lo asumen por las características del trabajo que desempeñan y no porque quieran pasar costes a la Seguridad Social.

Hay opciones para ayudar económicamente a esa Administración y no pasan necesariamente por cargar el peso en las personas que llevan a cuestas largas carreras profesionales. La sanidad y la educación son básicas, como también alguna otra, en cambio otras, si no prescindibles, sí pueden prescindir de parte de los recursos que se les asignan, como también serían prescindibles ciertas subvenciones, aportaciones, compensaciones y “retribuciones” que bien podrían sumarse al presupuesto de la Seguridad Social, seguro que aportarían una considerable cantidad, muy superior a la que pueda representar la del proyecto del Sr. Ministro, claro que para ello habría que tocar a otros actores.

Si con lo dicho dejo claro que la penalización no me convence porque no es la solución, la recompensa, premio o gratificación al retraso me seduce menos. La jubilación es un derecho y como tal cada persona decide lo que le conviene. Personalmente soy partidario de no retrasar la edad de jubilación, si se puede adelantar mejor. Dos motivos me llevan a tal rechazo: uno, la calidad de vida; el otro y de gran relevancia, el empleo.

La patronal no contrata trabajadores/as si tiene los puestos ocupados, si aplazamos nuestra jubilación estaremos dificultando el movimiento del mercado laboral. Si desde el Ministerio se considera que para las arcas de la Seguridad Social es mejor retrasar la jubilación, para el rejuvenecimiento de las plantillas y la reducción de la tasa de paro no es lo más indicado, además siempre es más positivo tanto para la Seguridad Social como para el empleo que a un puesto se incorpore un joven parado o desempleado con muchos años por delante para cotizar en lugar de mantener dos años esa cotización y prolongar la situación de inactividad de los jóvenes o de que quienes buscan trabajo, que en el peor de los casos, incluso por esa espera, los estaríamos abocando al éxodo en busca de futuro y, con ello, aumentando otro problema que es el despoblamiento.

En definitiva, las medidas gubernamentales, como cualquier otra, deben ser analizadas desde diversos prismas, debatidas en profundidad para evitar los daños adyacentes que puedan sobrellevar, porque los proyectos que más bien son propios de ocurrencias escasamente objetivas no suelen dar buenos resultados.

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