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Mascando cristales

15 de Abril del 2021 - Rufo Costales (Oviedo)

Estoy harto, dolorosamente harto, de horizontes sin futuro para nuestros jóvenes, de buenas palabras y de mentiras, demasiadas mentiras, y no lo entiendo. Es como si el pijoprogre premium Antonio Maestre (celebrado delator de Celia Villalobos jugando con su tablet al Candy Crush en el Congreso), con “sus primos”, Pablo Echenique, Máximo Pradera, Nacho Escolar y Willy Toledo, conocidos adalides del buen rollo y la buena educación, que abominan del insulto, quedaran una tarde para tomar un café y hablar bien de alguien. Nadie lo entendería.

Es lo mismo que nos pasa con este Gobierno, para todos y para todas, que juró y perjuró que la subida de impuestos era una línea roja indiscutible, inaplicable a las sufridas clases medias y trabajadoras. Nadie lo entiende, ni siquiera sus “fanboys” o fanáticos, fervorosos votantes, ciegos y sordos (pero no mudos), ante la que se nos viene encima.

Para descartar cualquier interpretación peyorativa, aclaro cómo se suele clasificar por grupos a los votantes de uno u otro partido en nuestro país:

1) Fanboy, vota siempre al mismo partido pase lo que pase;

2) Indeciso, mientras decide su voto al “pinto, pinto, gorgorito...”;

3) Escéptico, no le convence ninguno y no vota, y

4) Fanático, da su voto a este partido porque no quiere que el otro toque poder.

Ante la probable llegada del maná europeo y, directa o indirectamente, el reparto “proporcional” de esos fondos, el Gobierno ha decidido hacer partícipes a todos sus súbditos con una celebración por todo lo alto, un fiestón, anunciando un desparrame de subidas impositivas a todo lo que se menee que van a freír, asar y carbonizar a esas socorridas y manoseadas clases medias.

Me apunto esta premonitoria frase de William Shakespeare en la obra teatral “La tempestad”: “El infierno está vacío, y todos los demonios están aquí”.

Ahora se consigue todo a base de multas, impuestos, inspecciones, restricciones, limitaciones, antecedentes, suspensiones, denegaciones... Básicamente consiste en tocarte la cartera y en joderte la vida por detrás, de un modo discreto y sibilino que no dé para grandes titulares.

Impuestos a combustibles fósiles y gases, al consumo de luz, envases y reciclado, a todo el transporte en general, a la segunda vivienda, IRPF de nuevo, sucesiones, patrimonio, subidas de tasas, creación de nuevos tributos, con la excusa del medio ambiente...

Hombre, acabo de recordar que es usted coleccionista de sellos... ¡pues un impuesto a los coleccionistas!

¿Pero no decían...? Ah, perdón, es cierto que las subidas solo afectan a los que no votaron socialismo y a los ricos, usted perdone.

Demasiadas e insoportables idas y venidas, dicciones y contradicciones, de este Gobierno que no hace sino desmoralizarme y confundirme. De hecho, acabo de comprobar mi DNI para asegurarme de que yo soy yo, y no usted, no vaya a ser que me ocurra como al político irlandés Boyle-Roche que un día encontró por la calle a un señor y, creyendo conocerlo, lo saludó cordialmente, pero después, al reconocer su error (nunca le había visto), le dijo:

–Usted perdone, caballero.

–No se preocupe. También yo le había confundido con un conocido mío.

–Ha sido un error recíproco –continuó–; yo pensaba que usted era usted, usted pensaba que yo era yo, y no éramos ni uno ni otro.

Aprovecho estas líneas para despedirme de D. Fernando Simón, quien después de todo un año soltando mentiras a tiempo, una tras otra, acaba de soltar una verdad a destiempo, atreviéndose a contradecir a su amado líder al declarar: “No creo en absoluto que Madrid esté falseando datos”; justo lo contrario de lo que había dicho el Presidente con distancia y alevosía (no sé si nocturnidad), aprovechando su viaje a Angola y Senegal, refiriéndose a la que es una Comunidad de su país. Gracias por los servicios prestados, D. Fernando.

No nos queda otra, “si vis pacem, para bellum”. Los ciudadanos, en este ecosistema tan feo, tan fosa séptica y tan antipático, narcotizados por la avalancha de normas sanitarias y económicas, disposiciones y “deposiciones” varias de nuestros políticos ladillas, “queremos la paz”, pero “preparamos la guerra” porque nos veremos empujados a “tomar las armas”: renegar, informar, protestar, denunciar, proponer, criticar... y poco más. Les llaman fachas y negacionistas.

Otros muchos se han rendido y están más en la línea descriptivamente apocalíptica y de renuncia vital de D. Antonio Escohotado: “Todo el mundo debería tener un Smith and Wesson en la mesilla, o un barbitúrico de acción ultrarrápida, por si toca decir adiós y la vida no tuvo la bondad de cesar dignamente”.

Saludos cordiales.

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