¿Hasta cuándo?
Nos sentimos orgullosos de nuestra justicia porque entre esas cosas que tiene, que nos facilitan el llegar al final del día sanos y salvos, está la Fiscalía General del Estado, que vela por el bienestar de cada uno de los españoles. Últimamente, sin embargo, parece que se está despistando o inhibiendo al prevalecer el entretenimiento del país sobre el que uno solo de sus ciudadanos sea el protagonista forzoso de ese entretenimiento, sometido a un análisis público en el que no se encuentra él ni nadie que lo represente presente para poder al menos defenderse de los cargos que se le imputan en tan esperpéntico juicio mediático, independientemente de que al final se demostrara que es culpable de cada uno de ellos. Si esto lo consiente nuestra justicia significa que debe haber una legislación que lo respalda, lo cual a su vez nos avisa de que formamos ya parte fundamental y legal del peligroso mecanismo que mueve el entretenimiento televisivo y que en cualquier momento podrían disponer de nuestra reputación a su antojo si con ello consiguen liderar hoy el ranking de audiencia, sino lo consiguieran podrían mañana tirar de nuevas reputaciones para alcanzarlo.
Hay algo en la ética de alguna cadena de televisión que se le ha perdido por el camino y alguna institución debiera tratar de enseñarle dónde se encuentra antes de que se nos pierda ya a todos al ver que todo está permitido.
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