Génova, 13
Escribía ayer en estas páginas que en Génova, 13, sede del Partido Popular, no cabía un tonto más, quizá me equivocaba, porque los que entraban por Finisterre no salían por Gata, y por eso están tan apelotonados que tienen que cambiar de sede. Don Pablo Casado no accedió a la presidencia del partido con los votos de quienes votan en las elecciones generales a la Presidencia del Gobierno, sino con los votos, en segunda vuelta de sus “coleguillas” de Génova, de esos que no se van por Gata. Con los votos de quienes votan en las generales fue elegida la “pequeñina” doña Soraya Sáenz de Santamaría, abogada del Estado en excedencia.
El Sr. Casado, “criado” a los pechos de la organización, con poca formación, adquirida al modo “Sánchez” sin ninguna experiencia fuera del partido, era el modelo de presidente que mejor les garantizaba seguir viviendo del cuento, sin ganar elecciones.
La “pequeñina”, apeada de la opción presidencial, insisto, por los que no se van por Gaza, dejó la política, no se reincorporó al cuerpo de Abogados del Estado y se fue a la empresa privada.
Su único error, que en lo personal es virtud, fue ser fiel al Sr. Rajoy y aceptar por ello su intervención en el problema catalán. Si hubiera sido elegida ella, como querían los votantes del PP, ya sin patrocinio de Rajoy, habría sido una excelente aspirante a la Presidencia del Gobierno, que seguro habría conseguido. Primero cerraría la puerta de Finisterre y abriría la de Gata. Por eso no la quisieron.
Aun con estos errores, el Partido Popular es hoy la única esperanza de que la Constitución del 78 continúe siendo el norte de España y la Monarquía parlamentaria la forma de Estado.
El actual Gobierno, con socialistas reconvertidos, aliados con elementos del antiguo “Frente Popular”, sí, el de los “pacíficos luchadores por la libertad” cuyos nombres, en algún municipio, sustituyeron al de sus víctimas, más ayudas de etarras, independentistas y algún residuo del PCE, al que el propio Sr. Carrillo renunció, al margen de la ley proclamaran la República, pero no se alegren los nostálgicos, no será la francesa o alemana, será la cubana o la coreana del Norte ,y todos los que ahora tienen libertad hasta para amenazar al Jefe de Estado tendrán sus bocas cerradas por orden ministerial. Todavía muy despacio, pero la maquinaria ya está en marcha. La maquinaria es de vapor, y es lenta pero la caldera ya está encendida.
Impiden al Jefe de Estado ir a Barcelona, le mandan una semana al poderoso país de Andorra, nadie recibe a la Reina en una visita concertada en las Cortes y en Asturias aparecen carteles ridiculizando a la Jefatura de Estado patrocinados por miembros de propio Gobierno.
Antes de que se recuerden los problemas que afectan al anterior Jefe de Estado, no está de más recordar que el anterior vicepresidente del Gobierno obtuvo en dos años casi más prebendas que aquel en cuarenta.
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