¿Qué derby?

19 de Abril del 2021 - Alejandro González Lada (Urbiés)

En un pueblo casi vacío, observando la pista polideportiva, recuerdo con nostalgia aquellos tiempos en los que abundaba la gente: niños, jóvenes, chavales, y mayores. Aquellos partidos que jugábamos, que podían tener hora de inicio pero no de finalización, son un recuerdo eterno, porque nos saltábamos las reglas y al final éramos capaces de jugárnoslo todo en la última jugada del partido, y quien marcara el último ganaba. Estas pachangas no tenían nada que ver con los partidos de rivalidad, en cuyo caso la duración era cronometrada escrupulosamente. Los “derbys” acogían siempre el duelo entre Les Tazaes y La Carretera, entre el “pueblu riba” y el “pueblu baxo”, o lo que es lo mismo, el enfrentamiento entre los que vivíamos por encima o debajo de La Recusa.

En el pueblo de arriba había menos efectivos y teníamos menos banquillo, pero pese a todo nos la jugábamos, recuerdo aquel primer “derby” como si fuera hoy: lucía el sol, buena temperatura, nosotros teníamos los cinco jugadores reglamentarios y el equipo contrario contaba con un par de jugadores de reserva, que al final quedaron en uno, y cuando ya mediaba la segunda ninguno. El caso es que teníamos hasta un árbitro que se ofreció a dirigir el encuentro. No nos jugábamos otra cosa que la honrilla de decir: ganamos, y pese a que todos éramos amigos, como decía mi buen amigo “El Prati”: “Mientras se juegue el partido, al enemigo ni agua”. El equipo local, es decir, “los de la carretera”, tenían más gente acostumbrada a jugar en equipos de fútbol, fútbol sala, etc., mientras que nosotros solo contábamos con un veterano.

Como era de esperar, los locales tenían la posesión, pero a nosotros no nos faltaban los ánimos desde la banda por parte de algún ultra de La Canga y de La Filera (barrios del pueblo de arriba). Finalizaba la primera parte con el cero a cero inicial, y en la segunda el dominio de los locales siguió sin verse recompensado. Faltarían cuatro o cinco minutos para finalizar el partido, y en un contraataque rapidísimo pillamos a nuestro rival y marcamos el 0-1 que a la postre sirvió para que nos ganáramos el orgullo de haber vencido a los favoritos.

Éramos amigos, pero mientras se jugaba el partido no había charlas, nos jugábamos la honra, repito, solo, nada más y nada menos que la honra. No teníamos camisetas, ni colores, ni escudo, éramos los del “pueblu riba” contra los del “pueblu baxo”, y le echábamos (con perdón) cojones durante todo el partido.

El sábado dicen que se jugó un “derby” en Gijón, dicen... yo no lo vi, pero lo escuché, y a pesar de ser cien por cien sportinguista puro (porque no comulgo con ningún otro equipo), tengo que decir que a esos “rapacinos” les tenían que poner la camiseta morada hasta que se ganaran el derecho a jugar con la rojiblanca, porque ya que no sienten los colores, ni el escudo, ni respetan a la afición, y ni tan siquiera se ponen colorados (algo que les vendría muy bien para ir sintiendo los colores), que no manchen esta santa institución.

Allá por el mes de diciembre llevé una gran desilusión cuando me enteré del positivo por covid-19 en la plantilla. Esperaba más madurez, sensatez, empatía, respeto, en los tiempos que corren, y salvo Gaspar, que dio la cara y las explicaciones oportunas, los demás os callasteis como... (omito el vocablo para evitar censura). Desconecté casi por completo, porque me sentí muy defraudado con unos chavales que apuntaban muy alto y devolvían la ilusión a una afición muy castigada. Desde esa fecha los seguí en la distancia obvia de quien se siente frustrado por unas personas de las que esperabas comportamientos y actitudes ejemplares. Llegaba la hora de jugar el “derby”, era el momento de reconciliarme. Como es lógico, esperaba de ellos algo como lo que nosotros dábamos cuando jugábamos un partido de rivalidad, genio, garra, sangre caliente, y recibí el segundo mazazo de la temporada, que dicho sea de paso doy por finiquitada, porque esta gente no tiene bemoles ni sangre ¡qué digo sangre! ¡Si son contenedores de horchata!, seguro que a lo largo de vuestra carrera jugasteis algún partido de rivalidad, pero da la sensación de que no, porque cualquiera que os viera pensaría que traíais una “fartura de sidra y vos entro’l pigarciu”, anestesiados, sin chispa, ímpetu, coraje. No sé si los “foriatos” salieron radiantes sabedores de contar con tanto público como cuando jugaban en su feudo en tiempos pre-Covid, sin presión, sin gritos, pero lo que no se puede negar es que salieron a jugar un “derby”, y los morados vestidos de rojo y blanco (en esta ocasión) salieron a pasear en ciclomotor, tal y como los mandamases de esta santa casa interpretaron que había que presentar este duelo... vuelve a calentárseme la sangre solo recordarlo... vamos a ver, señores, ¡ya está bien, hostia! ¿Qué ciclomotor ni qué mi madre? ¿Saben ustedes lo que es una Harley Davidson? Pues déjense de memeces, de ridiculeces, de pantomimas, esa presentación podría obedecer a un tercer implicado indirectamente en el partido, como pudiera ser el Principado de Asturias, pero del Sporting de Gijón ¡No! ¡Que esto es un “derby”! ¡Es un partido a cara de perro! ¡Que nadie quiere perder! ... espere, ¿nadie?... tendré que repensármelo, porque salir a jugar un “derby” solo salió un equipo, y mal que me duela no fueron los que yo esperaba, y no es ni la primera, ni la segunda, es la tercera vez que veo esa actitud, y me sobran los arrestos del “Sargento de Hierro” para calentaros y motivaros para un partido como este, pero lógicamente para eso hay que sentir algo que vosotros parece ser que os filtraron en infusiones, no fuera a sentaros mal.

Yo con mis años, con mis achaques, me juego mi patrimonio a que no defraudo a ningún sportinguista, porque me dejo en el campo lo que tengo de hombre, por mi padre y mi madre, y cuando salgo del campo, igual tienen que sacarme en ambulancia y llevarme directamente a la UVI, pero os garantizo que quien me hubiera visto no se sentiría avergonzado, porque cuando das todo lo que tienes, te vacías y te entregas, y eso sigo sin verlo.

Ojalá hubierais nacido en Urbiés, ojalá se os hubiera pegado un poco el coraje de esos chavales, ojalá hubierais mamado lo que es un partido de rivalidad en la que solo se jugaba la honra, así no tendrías que andar con la cabeza “gacha” en lo que resta de temporada, porque después de lo visto, si es que llegamos al play-off, no tengo esperanza alguna de remontar lo que estamos viendo desde hace varias jornadas: caída libre con colchón para evitar traumatismos, y que conste que me gustaría equivocarme, y ojalá me equivoque, porque hay mucha gente que se merece ver a un Sporting en Primera, pero después de esto, son demasiados palos, y como diría el Mineru del Solarón: ¡Picu y pala, picu y pala... picu... y pala!...

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