Mundo dual por triplicado
“La Máquina” (robots más IA) producirá tal aumento de productividad que: o se reducen horas de trabajo presencial en la empresa o se destruyen empleos. Porque, aunque la demanda pueda aumentar al bajar los precios, tal productividad puede que no la aguanten los recursos disponibles del mundo. O peor aún, con los mercados en recesión, quienes produzcan con “La Máquina” más barato coparán el mercado y pondrán en quiebra a otras empresas y países. Desempleo y pobreza serán enormes en donde no dispongan con gran eficacia de “La Máquina”. La pandemia destruirá empleos como si hubiese pasado una guerra, pero además todo esto ocurre después de la recesión del 2008: llueve sobre mojado. Como consecuencia, hemos de crear y hacer algo diferente.
Por eso imaginé un mundo distinto: dual y por triplicado; con la semana dividida en cuatro partes: lunes y martes -2-, miércoles y jueves -2'-, viernes, sábado -2''- y domingo -1-. Habría equipos de tres personas por puesto de trabajo que realizarían varios tipos de actividad: /d/ trabajo presencial en el puesto; (d) actividad complementaria (teletrabajo, o actividad social, o actividad formativa o incluso otro puesto de trabajo presencial...); /(d)/ trabajo interno colaborativo (cooperación en la empresa fuera del puesto de trabajo); y [d] descanso. Parece un galimatías, pero resulta eficaz. En 21 días cada persona podría tener dos versiones de actividad.
Una versión en la que todo el mundo descansaría los domingos: -/2+2'/-(2'')-[1+2]- /(2')/-/2''/-[1]-(2+2')-[2''+1]-.
En la que se trabajarían 8 días en la empresa -/2+2'/-/(2')/-/2''/-, con un miércoles y un jueves -/(2')/- en trabajo interno colaborativo, haciendo otras tareas en la empresa. Luego habría 6 días de actividad complementaria (teletrabajo o actividad social o actividad formativa...) -(2'')-(2+2')-; y 7 días de descanso -[1+2]-[1]-[2''+1]-, con un domingo solitario en el medio -[1]-. Pero en esta versión todo el mundo descansaría los domingos.
Otra versión sería en la que el equipo (de tres personas) trabajaría todos los días alternándose en el puesto de trabajo presencial, y luego actuaría todos los días en una actividad complementaria, en la que esa actividad complementaria podría ser otro puesto de trabajo en la empresa, con lo que dos puestos de trabajo de la misma serían atendidos por tres personas: -/2+2'/-(2''+1)-[2+ 2']-/2''+1/-(2+2')-[2''+1]-.
Entonces se trabajarían 7 días en el puesto de trabajo presencial de la empresa -/2+2'/-/2''+1/- (que tendría las instalaciones ocupadas y en funcionamiento los 365 días del año), y luego se realizarían los 7 días de actividad complementaria -(2''+1)-(2+2')- (que podrían ser otro puesto de trabajo de la empresa) para terminar con 7 días de descanso -[2+ 2']-[2''+1]-. Esta última versión es la más eficaz por aprovechar a tope las instalaciones e inversiones, ya que en el estándar actual tienden a estar abandonadas los seis días de descanso de un periodo de tres semanas. Piensen en el despilfarro de recursos que existe en entidades (como empresas y universidad) que deben realizar grandes inversiones para ser eficaces, teniendo la necesidad de enseguida amortizarlas para poder innovar.
Supongamos ahora que la actividad complementaria sea una actividad formativa necesaria por su importancia para la empresa. En ese caso, tal actividad formativa exigiría un aula taller o laboratorio de dicha especialidad en un Centro Formativo externo que, obviamente, representaría un puesto de trabajo para un equipo de tres instructores. Los cuales tendrían cada uno doce discentes formándose en esa especialidad en alternancia con su puesto de trabajo. La lógica hace suponer que, en una estructura taxonómica más elevada, los instructores de la especialidad formativa tendrían una actividad complementaria que podría ser: asistir a cursos de perfeccionamiento, realizar trabajo asistencial a las empresas, o investigación e innovación creando nuevos objetos didácticos según vayan apareciendo necesidades en los sistemas productivos, etcétera. Todas estas actividades se realizarían para el departamento del que dependiese su especialidad formativa, dentro de la estructura de un Centro de Investigación de su ámbito o campo tecnológico. Ese departamento sería a su vez un lugar de actividad que estaría ocupado por un equipo de alto rango. Siendo dicho equipo el responsable de que las especialidades formativas del departamento siempre estuviesen actualizadas en sus objetos didácticos. Esto mejoraría el ajuste entre la oferta formativa y las ofertas de empleo. Sería, por tanto, un equipo con elevado nivel que, poseyendo un puesto de trabajo presencial en la estructura de la universidad o de la empresa, estarían realizando allí también su actividad complementaria. Siendo precisamente ese Centro de Investigación un lugar de encuentro entre universidad y empresa.
En este mundo dual habría dos actividades por las que se podrían recibir salarios: a) por el puesto de trabajo presencial en la empresa (donde se reducirían respecto del estándar actual), y b) por la actividad complementaria que podría ser incluso otro puesto de trabajo de la misma empresa u otra ocupación en la empresa o en otra empresa, o trabajo externo para la misma empresa (teletrabajo), o una actividad social o una actividad formativa... Todo esto tendrían que abordarlo los AASS y la Administración. Pero así se podría lograr un pleno empleo al aumentar el número de personas que usarían el trabajo presencial con un considerable aumento de las horas de uso de las instalaciones en la empresa, y con una mejora de la eficacia de su uso por la formación durante la actividad complementaria. De esta forma los jóvenes dejarían de marcharse para buscarse la vida en otro país y, a cambio, las empresas tendrían los recursos de “La Máquina” trabajando a tope en sus instalaciones: “La Máquina” nunca pararía.
Si lo piensan bien esto sería muy eficaz para el sector de la salud que ahora se debe impulsar, y en el que se deben afrontar cambios. Piénsenlo los sindicatos, las gerencias y la Administración. Pues la actividad complementaria podría dar mucho juego en servicios permanentes por pandemias o repuntes de enfermedades, o en la asistencia a geriátricos, o en la vigilancia de la salud en las escuelas, o en la asistencia a domicilio, o en acercar la salud a las zonas despobladas -necesario con tanta persona sola de edad avanzada-, o bien una actividad formativa siempre necesaria para actualizar conocimientos. También sería eficaz para el sector financiero si estos estuvieran dispuestos a ser eficaces con la sociedad. Vamos a ver: sería un poco una forma para ganar mérito, tener empatía y equidad con la sociedad. No todo puede ser automatizar el servicio para dejar a la sociedad abandonada en la nube.
¿Quién es el que no tiene vergüenza permaneciendo en el “siempre se hizo así” para no enfocar los cambios necesarios que resuelvan esta situación de extremada necesidad social? Ciertamente no se tiene vergüenza con tal de ganar en el bien propio partidista. ¿Quién piensa solo en desprestigiar al otro y no en colaborar? No solo es que no se piense en colaborar para afrontar una necesidad social (aunque así se anuncie), sino que no importa que la sociedad empeore con tal de ganar. ¿Dónde queda el compromiso social de servicio? Las personas deben ser conscientes de que el mercado lo disponen ellas con sus compras y con sus euros, y que en la democracia de una persona un voto, hacen lo mismo con su voto. ¿Qué es lo que impide entonces realizar los cambios por el bien general?: Es la economía, estúpido (dijo Clinton en 1992). Ciertamente hay estupidez cuando no se avanza en el bien general del 99%, y ni siquiera el particular del 1% que posee el 99% de la riqueza; cuando lo que gana ese 1% es muy inferior a lo que pierde de obtener el 99%. Cuando los cambios tecnológicos terminan en un empeoramiento general de la vida para las personas, cuando en cambio deberían ayudar.
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