Nacer es gratis
“Ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, de donde fuiste sacado”. Génesis 3:19.
Esta expulsión del Paraíso se convirtió en el origen de la maldición bíblica con respecto al trabajo. Aunque después la propia Biblia se galleguiza.
Unas veces: “El labrador que trabaja duro tiene derecho a recibir primero parte de la cosecha”. 2 Timoteo 2:6.
Y otras a la sopa boba: “Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?” Mateo 6:26.
No me extrañan las dudas existenciales de los demandantes de empleo. ¿Trabajar para vivir o vivir para trabajar? No me refiero a los que vagan por el SEPE (antes Inem) entre sello y sello sin empresa que les rete. Me gustaría saber cuántas empresas se dirigen a las oficinas de Empleo. El nombre además de un oxímoron de libro es la triste guasa. Alguien debería cambiar el enfoque además de los logotipos.
Sobre las cifras de desempleo debemos descontar a los que están apuntados y no buscan y a los inscritos que no quieren que nadie los encuentre porque trabajan a la remanguillé.
Hemos creado un Estado burocratizado al máximo, que no organizado como se está demostrando con las vacunaciones, que incentiva la hibernación o eso de que cuerpo descansado dinero vale.
Veo con buenos ojos la paga de ayuda vital porque no me gustaría vivir en una sociedad que no asista a los que de verdad lo necesitan. Pero esto se nos va de las manos. No es necesario renunciar a ningún derecho conseguido, pero cada vez creo más necesario empezar desde el principio. Incluso desde un comienzo laico.
¡Trabajar no es un castigo divino!
¡Trabajar es bueno!
¡La gente que trabaja mucho no es tonta!
¡Hace falta que alguno trabaje para que otros vivan bien!
¡Se puede ser feliz trabajando, solo es cuestión de intentarlo!
¡Si nuestros antepasados lo hacían también lo podemos hacer nosotros!
Y si nos sentimos explotados es porque, entre todos, hemos logrado una nueva economía reticular “low cost” que genera beneficios minimalistas en las pymes, creadoras del 72% del empleo en España.
Después de las vacunas las empresas continuarán demandando profesionales y personas comprometidas en todos los sectores. Es una oportunidad porque remunerarán de acuerdo a las leyes de la oferta y la demanda.
Es el momento de cambiar de empresa, de gremio, de ciudad, pero no de renunciar a la lucha diaria, ni de consolidar el telepijama, ni pagar nuestra frustración con los demás. Esto último es la trampa a la que nos enfrentamos, hacer culpables a los demás de nuestras desgracias laborales sin tener en cuenta la responsabilidad que adquirimos al nacer. Nacer es gratis, pero lo que viene después es muy caro.
Ya lo dijo Marcelino Camacho, líder sindical, “los trabajadores seguimos siendo los parientes pobres de la democracia”.
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