Oración de un pandémico agnóstico
Por si acaso, a todos vosotros dioses de mil nombres, no es que no creamos, es que algunos de los que nos rodean provocan en nosotros un sentimiento de rechazo hacia todo aquello que no vemos o que no palpemos.
Se ha llegado a un “estado” en el que la mentira, la falsedad, el perjurio son como vestimentas de usar y tirar, sin tener en cuenta las consecuencias para terceros, ni preocuparse de los juramentos, que con toda “pompa y boato”, hicieron ante Su Majestad el Rey.
La herencia recibida de confianza en los poderes públicos, gobernantes dedicados a la administración de lo que antes conocíamos como “bienes públicos” se ha ido difuminando... Solo queda la memoria respetuosa de aquellos “personas públicas”, que pasaron dejando un reguero de humanidad, de honradez y de dedicación.
Ahora, semidespedidos, rodeados de otros muchos, despedidos, y sin futuro, si pensamos, no entendemos, si palpamos, no sentimos, si miramos, no vemos, si buscamos, no encontramos...
Ahora, nos viene a la memoria algunas de aquellas palabras que el cura del pueblo, nos decía: “Hijos, cuidaos y cuidar a los vuestros. Vienen vientos cargados de arena, que arrasarán el futuro, si vosotros no hacéis nada por evitarlo” ... “El Dios a quien no hacéis caso, repartirá vida, pero para ello exige participación”. Razón tenía el bonachón, pero sesudo párroco, parecía “don Camilo”.
Dioses de mil nombres, por si acaso, ¡echarnos una mano!, ¡aunque solo sea un empujón!... Nos cuesta creer en vosotros, pese a palpar y comprobar las mentiras... Nos cuesta esperar en vosotros, pese a las manos vacías de ayuda... Nos cuesta hacer cuerpo y amar como vosotros predicáis, porque, visto lo visto y rodeados de mentiras “paradisiacas”, hemos buscado la soledad egoísta.
Dioses de mil nombres, somos agnósticos fabricados en cadena, somos creyentes ignorantes en premios millonarios por una papeleta sindical, pero..., ayudados por las abuelas, recordamos que, no hace mucho, éramos más felices jugando a las “carreras de sacos” que conduciendo fantásticos coches virtuales...
Por todo eso, dioses de mil nombres...
¡echarnos una mano, fumigar las mentiras y dar esperanza para nuestros hijos!
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