La fotografía del alma
Si observamos a algunas de las personas que mendigan en la calle, veremos a los nuevos con cierta expectativa, si no en el rostro ahora enmascarado, sí en el gesto y en la voz, aunque sean comisionados de las mafias, mientras que los más veteranos parecen flotar en una subconciencia cósmica, ajenos ya a cualquier hálito de vida que no sea la triste y mínima supervivencia física.
Si pudiéramos fotografiar el alma, puede que nos viésemos todos viajando hacia esa única supervivencia, una copia fotográfica para todos. ¿Quiénes se salvan? Son los que no buscan una simple supervivencia material. Jesús los identifica: “Bienaventurados son los que tienen conciencia de su necesidad espiritual, –O: ‘los que son mendigos del espíritu’– puesto que a ellos pertenece el reino de los cielos” (Mateo 5:3). La espiritualidad no tiene que ver con, ritos, misticismo, ni tradiciones, tiene que ver con lo que le es propio al ser humano hecho a la imagen de Dios, tiene que ver con lo que debe hacer, en cómo debe pensar y los sentimientos que debe desarrollar.
Naturalmente para eso se requiere una guía consecuente, una guía divina. El ser humano ha tratado de encontrarla más bien que buscarla, así las grandes religiones mercantiles han tenido el campo abierto para impresionar con edificios, arte y aparato escénico. El resultado: un mundo del hombre para el hombre, un mundo sin Dios, un mundo sin espiritualidad, un mundo en el que la política y sus cleros religiosos aliados, no pueden satisfacer la necesidad del hombre espiritual. Las expectativas de poder satisfacerla alguna vez, ya no son necesarias; hoy el mundo no busca a Dios.
No se le recuerda en la calle, ni en los medios de comunicación, ni en casa, donde se impone la tele y el wasap. Mientras tanto, la vida sigue, una vida excesivamente volcada en el día a día, afanada por la supervivencia física, sin el ideal de un futuro de paz, justicia y amor. Los minutos de nuestra vida son muy baratos a juzgar por la manera en que los invertimos. Probemos a comprar con ellos el tiempo para una relación con Dios, eso nos dará una imagen de felicidad insospechada en la fotografía del alma: “Esto significa vida eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el único Dios verdadero, y de aquel a quien tú enviaste, Jesucristo” (Juan 17:3,17).
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