Réquiem por el libro
Al libro, tal y como lo hemos conocido hasta hoy, habría que hacerle un funeral en toda regla, unas exequias como le corresponden, un homenaje póstumo universal, una composición y un espectáculo musical que recorriera los escenarios de todo el mundo para rendirle tributo.
El Día del Libro, que se acaba de celebrar, ya no es lo que era, ni lo va a volver a ser. El libro impreso, como se lleva “disfrutando” desde que se inventó la imprenta, hace más de 500 años, va a pasar a mejor vida. A otra vida, digamos. A una nueva vida, muy diferente, ni mejor, ni peor, diferente en cuanto a su formato.
La ceremonia de pasar una página detrás de otra, en papel, ha sido ya sustituida por la lectura digital, que requiere menos de un dedo para leer de otro modo, con la mirada puesta en el móvil, en la tablet o en cualquier otro dispositivo.
La extensión requerida para una carta al director no me permite extenderme más. Si acaso unas pocas palabras para mostrar mi pesar por tan irreparable pérdida.
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