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Ineficiente, endeble y amoral

23 de Abril del 2021 - Carlos Muñiz Cueto (Gijón)

Culpar a la perversión externa de que Donald Trump fuese elegido presidente es una simplificación. Culpar a Donald Trump de la toma del Congreso de los EE UU solo enmascara otra causa primera: el populismo que se ha desbocado junto a la pobreza. Pero, ¿por qué? Tales culpabilizaciones desvían la atención sobre la verdadera causa: el dirigismo que desde décadas el sistema económico ejerce sobre un sistema político. Donald Trump ya era director ejecutivo de “La Organización Trump”, y como parte del sistema económico sabía qué hacer y lo consiguió. La pregunta sigue en pie: ¿por qué ha ocurrido? ¿Cómo se puede explicar que los sistemas democráticos no hayan podido poner coto a un sistema económico ineficiente, endeble y amoral, que como tal domina a la política?

Ineficiente, pues nunca ha sabido poner remedio a las altas tasas de desempleo y pobreza (en el año 2019, en España la tasa de pobreza de los hombres parados era del 49,7% y la de las mujeres del 44,5%. El valor de la tasa de pobreza para los hombres ocupados en el año 2019 era del 13,5% y para las mujeres en la misma situación laboral del 11,8%), ¿qué no será ahora tras la pandemia? Amoral, puesto que las tasas de desempleo de los jóvenes superan el 40%. Endeble, pues tras la crisis del 2008 la clase alta se recuperó, pero la baja perdió el patrimonio invertido en la vivienda (pagando el sobreprecio con la hipoteca) y luego se quedó en la pobreza y la precariedad (temporalidad y salarios más bajos porque los de arriba deben recuperarse y no pueden dejar de ganar). Si no cómo se explican los altos niveles de abstención sin que el voto regenere el sistema económico. Las ciencias económicas, mediante economistas de reconocido prestigio, como K. Polanyi, J. E. Stiglizt, G. Standing, T. Piketty..., afirman lo mismo: es preciso regenerar el sistema económico. En la crisis del 2008 se salvó a los bancos (causantes de la crisis), pero no a la gente, y un Estado sin deuda acabó endeudado. Los supuestos partidos más serios no hacen caso alguno a los economistas prestigiosos. Ahora, tras la pandemia, se volverá a las andadas: se darán ayudas a los bancos y con ellas se pagarán indemnizaciones por despidos. “Es la economía, estúpido” (¿o será la política?). “Por sus frutos los reconoceréis”, por tanto ahora vemos árboles y matorrales secos en campos yermos. No gotea riqueza desde la parte alta a la de abajo, no se riega para la prosperidad, no hay productividad y empleo por falta demanda, y no existe demanda a causa del desempleo y la precariedad. Ajústese todo esto, por favor, o nuestra sociedad desaparecerá en odio al otro, al grito de “¡sálvese el que pueda!”. Se precisan cambios.

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