Malditas balas
Compartir o no las ideas de un partido político forma parte fundamental del juego democrático para que este resulte eficaz, interesante y adictivo. Como en todos los juegos siempre hay jugadores que logran acceder suavizando sus verdaderas intenciones radicales pero al final se descubren y enturbian el juego con trampas, agresividad y falta de respeto al resto de jugadores, pero como ya están dentro es obligado continuar jugando con ellos. Que un ciudadano de este país como es Pablo Iglesias, junto a otros tres, reciba amenazas de muerte es una agresión a la democracia y claro, una mala noticia para ellos, pues significa que alguien está removiendo ya con relativa facilidad y efectividad ideas e incluso recuerdos turbios.
La bala que ha recibido debe ser compensada con el reconocimiento de que usted, señor Iglesias, también ha hecho cosas buenas por los ciudadanos de este país y si no las hubiera hecho, tampoco las ha hecho tan malas como para recibir junto con su familia ningún tipo de amenazas, porque en democracia todas las ideas aportan, aunque solo sea debate, menos las violentas que amenazan de que el tiempo se les acaba.
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