Cainismo fratricida
En mayo de 1176 se fundó la Orden de los Iluminados, conocida como Illuminati de Baviera. Uno de sus principios fundacionales era la oposición a los abusos de poder del Estado, que hoy día diríamos abusos de la autoridad política.
Todos los poderes que se entregan a los políticos y funcionarios solo tienen una finalidad: gestionar la administración de la sociedad y mejorar la misma en todos sus ámbitos.
La realidad, sin embargo, está poniendo delante de nuestros ojos que ese poder se está utilizando para favorecer a una “gran minoría poderosa”, conviviente, como reinos de taifas, en la sociedad de todos. Poder y corrupción van paralelos si separamos la ética de la actividad sociopolítica.
El absurdo de los modernos estados es que cuando hoy, como en 1776, aparecen los Illuminati, que quieren limpiar la podredumbre existente, se les pone el apellido de ultra, y cuando, al mismo tiempo, aparecen disfrazados los totalitarismos populistas, se les llama izquierda renovada.
Los Illuminati de hoy suelen equivocarse en las formas, en el abuso de un vocabulario duro e impetuoso, en utilizar esquemas concretos y en ocasiones generalizarlos, en prometer eliminar lo que en realidad quieren, simplemente, reformar a fondo...
Entiendo, por eso, que el Illuminati actual no es un ultra, sino más bien un renovador, revisor del bienestar general de la sociedad.
La izquierda renovada, sin embargo, en todo el mundo conocida como el "comunismo capitalista", es la maquinaria totalitaria disfrazada de democracia constitucionalista. Los disfraces son tan "venecianos" que los gobiernos poco experimentados (o muy interesados) se dejan "sofronizar" e hipnotizar, alcanzando el "trance o ensoñación" de un paraíso cercano.
Solo la reflexión de la experiencia personal, a todos los niveles de la sociedad, podrá adecuar la valoración de estos dos estados de ánimo: Illuminati e izquierda renovada.
Después, diremos aquello de "tenemos el Gobierno y la sociedad que nos merecemos".
Unos lo dirán como conquista; otros, como reproche por no actuar debidamente.
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