Los jóvenes y la generación de cristal
Estoy harta de ser joven y creo que no soy la única. Estoy harta de que me digan “es que los jóvenes no aguantáis nada” o la, ahora ya famosísima, “sois la generación de cristal, os quejáis por todo”. Los jóvenes estamos hartos de ser jóvenes de cara a la galería, los jóvenes somos necesarios, pero parece que solo para lo que les interesa a los no-jóvenes. Qué bien les venimos los jóvenes para echarnos la culpa de los rebrotes, por poner un ejemplo práctico y actual.
Muchos jóvenes como yo éramos unos prepúberes cuando empezó la gran crisis en 2008 y muchos de los jóvenes de hoy en día iban todavía en pañales. Hemos crecido en entornos precarios y nos hemos desarrollado en un entorno para nada sano, se nos ha educado en la competición y en el individualismo, no en la colaboración ni en la ayuda y así estamos, que muchos de los jóvenes vamos a terapia porque nuestra situación mental así lo requiere, y baratos, los psicólogos y psiquiatras no son, cosa que provoca que muchos de los que sabemos que deberíamos ir, no lo hagamos.
Así que sí, un poco de conciencia y de empatía por parte de los no-jóvenes nos vendría bien. Somos una de las generaciones más y mejor formadas, jóvenes con uno o dos grados a sus espaldas, másteres, idiomas y un sinfín de recursos, pero incapaces de entrar en un mercado laboral por falta de experiencia profesional. Y si conseguimos entrar (¡Gracias a Dios!) nos encontramos con unas prestaciones dignas de ser consideradas esclavitud. Sumándole los precios de la vivienda y alquileres, comida y básicos y, ahora la romantización de la precariedad en la que vivimos, muy a menudo parece que no tenemos espacio en esta sociedad y tenemos que buscarnos las castañas fuera del país. Y, enfrascados de nuevo en otra crisis sanitaria y sin precedentes, arrastrando todavía las consecuencias nefastas de la crisis de 2008, y sin horizonte favorable a la vista, quizás, un poco de derecho a quejarnos sí tenemos.
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