Rescue me!
Cualquier persona que, con cierta frecuencia, vea los programas de debate (por llamarlos de alguna forma) que se programan a lo largo y ancho de la parrilla televisiva, creo que estará de acuerdo conmigo en el, cada vez más llamativo, color amarillo que han adoptado, resultando difícil distinguirlos de ese “hito cultural” que supone el programa de Jorge Javier Vázquez. En este punto debo confesar que, por supuesto, este último no lo veo, como tampoco veo “Al rojo vivo”, “La Sexta noche” “Liarla Pardo”, etc., etc., pero sí veo “El gato al agua”; sin embargo, han calado tanto en la sociedad española, especialmente el de JJV, que es difícil escapar tanto del programa como de los parásitos que viven a costa nuestra, gracias a la telebasura.
Esta semana se celebró el primer debate “oficial” de la campaña electoral para las elecciones a la Comunidad de Madrid; fue, como no podía ser menos, en Telemadrid, cadena pública que pagamos con nuestros impuestos, como todas las televisiones públicas nacionales y autonómicas (y varias privadas que reciben subvenciones del Gobierno), que suelen convertirse en la voz de su amo. Realmente, la media hora que vi me pareció tremendamente aburrida, con políticos que solo sabían hablar de ellos mismos y sus problemas, y atacarse constantemente y, visto lo visto, pareció el aperitivo de lo que ocurrió en el debate de la SER, al que Isabel Díaz Ayuso, milagrosamente, no fue.
El momento culminante del debate de la SER llegó cuando Pablo Iglesias se sintió insultado por Rocío Monasterio y amagó con irse; se levantó, la “moderadora” le rogó que se quedara; hizo el ademán de marcharse; más ruegos; se resistió a las plegarias; se fue: justo los mismos teatrillos que se ven entre Belén Esteban y el resto de mentes preclaras que pululan por el insigne programa de JJV. A la salida, una nube de periodistas busca las últimas declaraciones de la estrella herida, que se queja de que le insultan (le llaman “rata” y “chepudo”), el mismo que dijo que había que “naturalizar el insulto”. El debate continuó con el formato “todos contra Rocío Monasterio” y creo que terminó con el desplante de los candidatos de izquierda, incluido el de Ciudadanos.
¿Para qué sirvió este debate? Primero, según mi opinión, para que todos los focos se centraran en Pablo Iglesias y su candidatura, ahora que está en horas bajas y no se les auguran buenos resultados, pese a las encuestas “flash” que lanza el CIS; por otro lado, para desgastar la imagen de Isabel Díaz Ayuso, por asociación con Vox (como ella le dijo a una periodista de La Sexta, toda opción política contraria al marxismo es extrema derecha, hasta Ciudadanos, aunque ya no es el partido de Albert Rivera y se ha transmutado en una formación pseudo-socialdemócrata), cuyo apoyo podría necesitar para formar un Gobierno estable (más nos vale a todos los españoles que Ayuso pueda formar un Gobierno estable el 5 de mayo); finalmente, el teatrillo que se está representando es un hábil trampantojo para que no veamos todos los tejemanejes que lleva a cabo el Gobierno, y lo inane de su gestión.
¿Qué hemos visto en estos debates? Lo primero y más evidente, las ansias de poder de los políticos, luchando a sangre y fuego por un voto porque, más allá de la erótica del poder, están las subvenciones que reciben las formaciones políticas (a más votos, más dinero) y algunas tienen muchas bocas que alimentar, y cada vez menos ingresos, como es el caso de Podemos o Ciudadanos, que han perdido muchos votos, con el perjuicio económico que supone para ambos partidos. Otro asunto es la total ausencia (salvo excepciones) de un programa político claro, más allá de las buenas intenciones y la agenda 2030, porque todo eso hay que pagarlo, y lo vamos a pagar nosotros nos guste o no. También hemos sido testigos de la gran ignorancia (consciente o no) de muchos políticos que, aunque hayan pasado por la Universidad, claramente la Universidad no ha pasado por ellos.
En otro orden de cosas, el asunto que ha propiciado la huida fue la carta amenazante que recibió Pablo Iglesias (Fernando Grande-Marlaska y María Gámez, directora de la Guardia Civil, recibieron sendas cartas del mismo tipo) y que publicó en las redes sociales, siendo objeto de sospechas por muchos usuarios de estas, sobre todo por haber pasado el control de Correos y por no tener el sello de entrada del Ministerio del Interior, cuando se dijo que se los habían enviado desde este, o el sello de devolución “a su procedencia”; así mismo, tampoco se tiene noticia de las otras cartas; ¿qué está pasando en Correos que, pese a estar en un escenario 4 de alarma terrorista, se cuelan estos paquetes, de forma constante? En el debate (al que parece que ya iba predispuesto a montar una escena) acusó a Rocío Monasterio de no condenar esta violencia, algo falso porque sí lo hizo, y de que Vox promovía esta violencia, algo que debe probar. Cuando Rocío Monasterio le animó a que denunciase estas amenazas ante la Policía Nacional (de hecho, es un delito de amenazas y un delito electoral, y Vox se va a personar como acusación particular), se ofuscó y estalló el drama. Un hecho llamativo es que todos los políticos condenaron estas amenazas, pero no todos condenan las constantes amenazas a Santiago Abascal, ni condenaron el acoso a los simpatizantes de Ciudadanos durante las elecciones vascas, ni los insultos a Isabel Díaz Ayuso, ni la agresión a Rocío de Meer, ni el acoso a Begoña Villacís; de hecho, en algunos casos, hasta las han alentado o, por lo menos, justificado e, incluso, Pablo Echenique puso en duda la agresión a Rocío de Meer.
Está claro que la vida política española se ha trivializado enormemente, con unos políticos que basan sus campañas y programas de gobierno en gestos demagógicos, para ocultar la ineptitud y falta de capacidad para tomar decisiones; políticos que, constantemente, apelan a las emociones más básicas de los ciudadanos en vez de ofrecerles opciones y soluciones a los problemas del país; políticos que solo piensan en medrar para vivir del Estado (José M.ª Figaredo, diputado de Vox por Asturias, recientemente se lamentaba de la cantidad de gente que vive del Estado –cada vez hay más funcionarios, personal laboral, políticos y asesores– y de la cantidad que espera vivir del Estado y trabaja para ello) y colocar a sus amigos y familiares. Si usted lo piensa, los discursos políticos y, en general, toda la información que aparece en los medios de comunicación y las RR SS es cada vez más simplista y vacía de contenido, convirtiendo España en un verdadero erial intelectual: ¿Nos tratan los políticos y medios de comunicación como a niños retardados porque la sociedad está en proceso retroevolutivo, o la sociedad se vuelve ignorante y adán debido a los mensajes simplistas e inanes de los políticos y los medios de comunicación que buscan convertirnos en una masa ignorante y maleable?
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