En busca de la esperanza
Estamos observando que los sistemas de dominio van ganando terreno entre la población según pasan los meses en esta hibernación permanente, que poco a poco está constriñendo la mente, aun de aquellos que la usaban antes de dar paso a las emociones, es decir, el corazón. El corazón quiere suponer que todo pasará, que todo volverá, que, al menos, recuperaremos la vida que teníamos, pero... también está uno observando que un germen de desconfianza ya se ha instalado en la sociedad, mientras se prepara la gran depresión, la económica y la otra.
Puede que no haya pastillas para todos, a no ser que rusos y chinos ya las estén fabricando, los mismos que quieren dominar el mundo, entre otros, claro. ¿Queda alguna esperanza de recuperar la esperanza? Por el camino de quienes dominan el mundo, no parece, por el camino de una sociedad tan desbaratada y desunida tampoco, por la genialidad exclusiva de algún superdotado que ha sobrevivido al dominio... pues no parece muy probable tampoco, el ser humano es limitado y breve. Eso nos lleva a volver la mirada hacia el cielo, esa mirada que hemos perdido. Si no hay Dios, se trata de vivir lo que se pueda y como se pueda, pero si hay Dios, hay que lanzarse a conocerlo, porque él sí tendrá un proyecto, una esperanza para sus criaturas.
Las 4.200 religiones humanas también han pretendido el dominio del ser humano desde siempre. Partamos de esta base: el único libro, o la única carta de Dios a la humanidad que no está plagada de leyendas y mentiras es la Biblia, es irrefutablemente histórica y su profecía se ha venido cumpliendo; está disponible en todos los idiomas y todo su contenido es consecuente. Podemos empezar a conocerla sin premisas culturales, ni tradiciones, ni ritos, ni misticismos, ni enseñanzas contrarias dadas por buenas cuando no pueden apoyarse en las mismas garantías. De otro modo no es posible entender su mensaje. Ánimo, es una tarea que puede salvarnos del psiquiátrico, y... devolvernos la esperanza. “Santifícalos por medio de la verdad; tu palabra es la verdad” (Juan 17:17).
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