Las cuencas mineras
Todavía resisten el envite de una planificación pésima en cuanto a reindustrialización, sobreviven gracias a las jubilaciones y prejubilaciones, pero ¿qué hacemos con sus hijos y nietos? El futuro es muy incierto y más negro que el carbón.
Pasaron estas zonas de ser referente de bienestar (es cierto, con un trabajo peligroso, insalubre y de mucho esfuerzo), los mineros y sus familias hicieron de esas zonas mineras alegría, compañerismo y vecindad de la buena. El riesgo diario les hacía vulnerables a la camaradería, se vivieron tiempos de felicidad plena a pesar de que por dentro cada minero llevaba siempre presente la tarea que le aguardaba al día siguiente; por eso aprovechaban cada instante de luz, de amistad, de amor por los suyos. Nadie comprenderá eso sin vivirlo, los momentos con los suyos, en el bar, jugando, cantando, comiendo y hablando, siempre tenían con quién hablar y de qué hablar.
En esas zonas mineras, muchos vivieron del carbón además de los propios mineros, que desprendían riqueza a su alrededor. Esa forma de vida tan contrapuesta, donde la peligrosidad y el esfuerzo se veían compensados con un medio de vida (que se ganaron a pulso) digamos decente. No como ahora, que el salario de muchos trabajadores no les llega para vivir con dignidad.
La vida nos reservó ver la decadencia de esas zonas mineras, entra depresión y mucha melancolía al mirar atrás, la nostalgia de ese pasado cercano te hace sentir dañado de mente y cuerpo. La mente no concibe tal destrucción de una forma de vida. Todavía no hemos visto nada de lo que les espera a esas zonas mineras cuando los recuerdos de ahora se conviertan en olvido y pasado.
Nuestros gobiernos tienen una deuda pendiente con esas cuencas mineras, proyectaron al resto del país, en momentos de mucha dificultad, una fuente de calor y energía, con el carbón se inició la industrialización dando lugar a una transformación económica y social, perfeccionando los medios de transporte marítimos y terrestres... todo era posible gracias al carbón: iluminación, calefacción... Qué decir del factor determinante sobre la industria del hierro y el acero.
Todo ello con el pago de muchas vidas segadas en plena juventud: accidentes, amputaciones, enfermedades, mineros que morían muy jóvenes (mi padre con 49 años, y llevaba 7 años con oxígeno por la silicosis). Los accidentes en una mina, en un pozo, tenían una repercusión en la sociedad en general que dejaba heridas interiores durante meses. No digo nada para los compañeros que tenían que rescatar sus cuerpos y al día siguiente ponerse a trabajar allí mismo.
Va por ellos, y por todas las gentes de las cuencas mineras.
José Viñas García
Oviedo
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