Lógica y laicidad
A veces me lío con la lógica. Pero para eso fue creada: para analizar los líos o, mejor dicho, para presentar las posibilidades para que uno decida cómo establecer un reglamento. Empecemos por definir el asunto en cuestión.
Laicidad: “Principio que establece la separación entre la sociedad civil y la sociedad religiosa”.
Aconfesionalidad: “Cualidad de que no se pertenece ni se está adscrito a ninguna confesión religiosa”.
La lógica nos dice que existen muchas posibilidades (situación de las posibles actuaciones presentadas como variables independientes) ante las cuales debemos decidir para establecer cosas tales como un algoritmo o forma de conducta, o cómo redactar un reglamento municipal mediante un enunciado formal (variables dependientes).
Una de las posibilidades es que, ante todas las posibilidades, uno diga sí a todas. En cuyo caso sería una especie de tautología que no define nada salvo que, en el caso de un reglamento municipal emitido por un Ayuntamiento, es tanto como decir que el Ayuntamiento es él, y como tal está en todas partes pues para eso está él. Ya que, sin ser de ninguna parte, es de todas. Algo muy cercano al concepto de aconfesionalidad: que integra pero no separa.
Otra de las posibilidades es que, ante todas las posibilidades, uno diga no a todas. Sería una negación, una separación en toda regla como la laicidad. Sería como decir que en todas esas cuestiones el Ayuntamiento no va estar, porque no quiere estar en ninguna parte de esas posibilidades sociales, ya que no se siente capaz de estar en todas. En pocas palabras, sería un Ayuntamiento no participativo en referencia al asunto tratado de la religiosidad.
Religiosidad: “Puntualidad, exactitud en hacer, observar o cumplir algo”.
Lo cual, teniendo en cuenta que en estos tiempos tal religiosidad se puede extender a asuntos tan variopintos como el fútbol, el horóscopo, o tantas otras cosas similares, tal hecho separaría al Ayuntamiento de la sociedad participativa de sus ciudadanos. Pero no se preocupen por los cristianos, ellos son proclives al perdón, la lógica no.
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