No hay vida sin justicia
El cementerio no me produce repulsa ni temor, es como el dormitorio común de mis seres queridos que aguardan allí un despertar. Ya no cuento su número, simplemente espero el día de su resurrección. Yo sé que lo habrá, no solo porque está así escrito en la promesa de Dios, sino porque es consecuente con todo lo que observamos en el universo, Dios no ha podido crear la vida para nada.
Recuerdo ahora que estaba en esta reflexión un día observando el cadáver de Raquel, la nieta de mi amigo Adolfo. Hay muertos y muertos; la mayoría tras un afinado maquillaje presentan una imagen de placidez, la que llega después de una larga agonía, pero en este caso el maquillaje no pudo camuflar la violencia de su rostro, en su rictus seguía diciendo que no quería morir, que había luchado por su vida, pero... una vez más, el que dijo amarla asesinó su voluntad y su derecho a vivir.
¿Dónde está el consuelo?, para mí está en la resurrección, pero también en la justicia de Dios, que se deriva de su amor: “Porque estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni gobiernos, ni cosas aquí ahora, ni cosas por venir, ni poderes, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra creación podrá separarnos del amor de Dios que está en Cristo Jesús nuestro Señor” (Romanos 8:38,39).
Quizá Raquel no estaba al tanto de que la esperanza llega por medio de Cristo, pero le queda pendiente la justicia de Dios, y eso le ofrece una segunda oportunidad, como a otros muchos. El apóstol Pablo en su defensa ante el gobernador Félix lo expresó así: “Tengo esperanza en cuanto a Dios, esperanza que estos mismos también abrigan, de que va a haber resurrección así de justos como de injustos” (Hechos 24:15). Y Jesús en el Sermón del monte: “Bienaventurados son los apacibles, puesto que ellos heredarán la tierra” (Mateo 5:5). Ya en los Salmos aparece clara esa esperanza: “Los justos poseerán la tierra, y residirán para siempre sobre ella” (Salmos 37:29).
¿Para qué volver a la vida con posibilidad de que sea para siempre sin que se haga justicia, para qué si la vida de nuevo depende de sucios cobardes, mentirosos y asesinos? “Se abrió otro rollo; es el rollo de la vida. Y los muertos fueron juzgados de acuerdo con las cosas escritas en los rollos según sus hechos... y fueron juzgados individualmente según sus hechos... Cualquiera que venza heredará estas cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo. Pero en cuanto a los cobardes y los que no tienen fe y los que son repugnantes en su suciedad, y asesinos y fornicadores y los que practican espiritismo, e idólatras y todos los mentirosos, su porción será en el lago que arde con fuego y azufre. Esto significa la muerte segunda” (Apocalipsis 20:12,13; 21:7,8). ¡Gracias, Dios mío, por esa esperanza!
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