Épocas de Tinder
Aunque el confinamiento y el virus que nunca cesa han traído cosas buenas, y han unido a todo un planeta para una misma causa, nos han quitado muchas otras, que poco a poco empezamos a volver a saborear: el café de las nueve, la cerveza de las seis, el paseo de las cinco, el gintonic de las doce, y las miradas entre dos personas que se gustan. Por si socializar ya era un problema en fechas cuando no llevábamos mascarilla, ahora la situación se agranda, cuando no podemos hacerlo, con alcohol en el cerebro, y música a todo volumen a la una de la mañana.
Son épocas de Tinder, épocas en las que solo sirve una pantalla, y no saber cómo saludar a una persona con una mascarilla tapándote el gesto de sorpresa, son épocas de no querer conocer a gente por tener a tus abuelos, sensibles al virus en casa, son épocas de decirle a tus amigas "¿y qué le digo ahora?" en un mensaje de texto.
Recordad, lectores míos, que detrás de Tinder, más o menos cuerdo, hay una persona.
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