La soledad de los deportistas de élite
No es casual que Naomi Osaka, la deportista mejor pagada del mundo y actual número tres del ranking de la WTA, se haya retirado del torneo de Roland Garros, del que partía como una de las más firmes candidatas al triunfo final, por sufrir unos episodios de depresión y de ansiedad que viene padeciendo desde 2018.
El abandono de esta jugadora de los internacionales de Francia ha recorrido medio mundo, lo que evidencia el impacto mediático de una noticia de este tipo. Sin embargo, no es nada nuevo que estas alteraciones psicológicas afecten a un alto porcentaje de deportistas de élite. De hecho, un estudio científico respaldado por el Comité Olímpico Internacional atestigua que lo sufre uno de cada tres deportistas profesionales en la cima de sus respectivas modalidades.
Cuando vemos a los deportistas compitiendo por la excelencia, no somos conscientes del peso de la responsabilidad que para muchos de ellos significa tener que demostrar siempre que son los mejores. Estamos acostumbrados a ver a Nadal ganando punto a punto, partido tras partido, dominando la situación y conteniendo las emociones, pero Rafa es la excepción. Lo normal es que los deportistas de alto nivel, sobre todo en los deportes individuales, se sientan muchas veces solos ante el mundo y no puedan evitar reaccionar como la de Naomi, aunque en la mayoría de las ocasiones esta circunstancia no salga a la luz.
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