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LA FELICIDAD, JA, JA, JA

1 de Julio del 2021 - JOSE LUIS LAFUENTE SUAREZ (OVIEDO)

La felicidad, ja, ja, ja, formaba parte del estribillo de una canción, simple y pegadiza, de los años 70, interpretada por Palito Ortega. Y no he podido evitar recordarla al escuchar diversas intervenciones de miembros (miembras/miembres) del gobierno socialcomunista que actualmente mal rige nuestros destinos, al felicitarse por la aprobación en el consejo de ministros del martes 29 de junio, del anteproyecto de ley para la igualdad efectiva de las personas trans, conocido como "Ley Trans". Felicitarse en el sentido de considerar que el gobierno tiene el deber (¿¿??) de velar por la dicha de los ciudadanos, a lo que contribuirá-según ellos-la aprobación de esta norma.

Si ya el escuchar que un gobierno va a procurar mi bienestar me pone los pelos de punta por resonar estruendo de tambores y trompetas totalitaristas, el relacionarlo con la promulgación de una ley que, tomando la parte por el todo, introduce el absurdo en nuestra vida, es ya para recomendar el tratamiento psiquiátrico de los que así lo proponen.

Este proyecto legal, en primer lugar, parte de una falsedad, al negar el hecho biológico de la existencia de hombre y mujer, pretendiendo convencernos de que lo que denominan género, es el resultado, no de un proceso natural, sino de una simple decisión, pretendidamente libre, de una persona; decisión en base a la cual, sin ningún tipo de informe médico (ni cambio físico) puede obtener de un registro la condición de hombre o mujer el lunes, para cambiar de opinión el jueves y reconducirse a la situación de partida el siguiente lunes, en un proceso que se denomina "autodeterminación de género". De este modo, propiciando lo que constituirá un fraude de ley, desde esta propia norma se está desbaratando la existencia de la mal llamada violencia de género, puesto que si un maltratador "hombre" se autodeterminase mujer antes de sufrir la (a pesar de lo que ha dicho el Tribunal Constitucional) la discriminatoria sanción al varón, la evitaría al no ser considerado ya varón. Con todo, si hubiera condena penal, la autodeterminación posterior permitiría al violador cumplir su condena en cárceles de mujeres. Natural, ¿no?

La aprobación de la ley, en segundo lugar, supondrá la desaparición del feminismo, puesto que, con la precitada autodeterminación, no hay aplicación posible de la ley de igualdad efectiva de hombres y mujeres, en temas salariales, de composiciones paritarias de listas electorales, consejos de administración, bonificaciones o preferencias en contrataciones, pues con "autodeterminarse" según convenga, se superan los obstáculos. ¡Qué decir, en términos semejantes, de la desaparición del deporte femenino, al producirse la "autodeterminación" de verbi gratia, jugadores de fútbol de -la ahora-1ª Federación, a competir en 1ª División femenina! Y esto porque, natural y normalmente, la condición física del varón es superior a la de la mujer.

Con todo, aparte del despropósito de negar la naturaleza humana, roza-en mi opinión, traspasa el límite-- lo criminal la posibilidad que este anteproyecto contempla de permitir a menores de 14 años, sin autorización paterna (menores de 12 con consentimiento de padres que con benevolencia, se les ha de considerar irresponsables) hormonarse o someterse a tratamientos irreversibles, de imprevisibles consecuencias para su futuro. Y ello unido a lo que se "vende" como el gran triunfo de la norma, la "despatologización" de la cuestión trans, es decir, no considerarla como una patología, ignorando la realidad de la disforia de género, lo que, de una parte, impediría que la persona enferma pueda ser atendida y curada, y de otra, en tremenda contradicción, quieren que la Seguridad Social (es decir, todos nosotros con nuestros impuestos) pague los tratamientos médicos precisos para la consiguiente "autodeterminación de género". ¿Cómo hay tratamiento médico sin patología previa?

En conclusión, el gobierno da un paso firme más en su lucha contra la familia natural, la maternidad y la vida, como buenos seguidores (followers) de la agenda 2030 promovida por los bondadosos comunistas del Foro de San Paulo. Pero, por supuesto, en aras de nuestra felicidad, ja, ja, ja.

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