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Impuestos progresistas y reinos de taifas

6 de Agosto del 2021 - J .J. J. Suárez González (Gijón)

La propuesta del presidente de la Comunidad Autónoma Valenciana, Ximo Puig, de imponer un impuesto a Madrid por capitalidad ha hecho subir unos peldaños la polémica que ya había sobre la distinta fiscalidad entre distintos territorios dentro de un único Estado, en este caso España. Al margen de las ocurrencias del presidente Puig, que el gobierno de la nación ya ha puesto donde les corresponden, este es un asunto muy importante, pues no hay nada más prioritario para la mayoría de la gente, solo después de la salud, que la pasta gansa. Yo tengo clarísimo que el verdadero progresismo de un gobierno, sea el del Estado, el de una comunidad autónoma o el de un ayuntamiento está, sobre todo, en la forma en la que recauda los impuestos y luego en la manera de gastarlos. No puede ser un gobierno verdaderamente progresista si el grueso de los impuestos los pagan los trabajadores y, aún peor, si una gran parte de la presión fiscal cae directamente sobre los que más se esfuerzan. La gente piensa que debe pagar más impuestos el que más gana, eso, a priori, parece lo más justo y lo más lógico, yo también pensé así durante mucho tiempo, hasta que me bajaron del guindo: "En una empresa necesitaban un responsable para un departamento nuevo y llamaron dos personas para proponerles un ascenso, uno aceptó, aunque el salario en principio no iba a ser mucho mayor, tendría más responsabilidad y haría muchas más horas, hurtándolas al ocio y a tu familia, el otro no aceptó, porque no quería ninguna de esas cosas que iban en la mochila del cargo. Después de años de sacrificios el que aceptó gana el triple que el otro, pero al primero le abrasan a impuestos y al otro no. El que se sacrificó paga una buena parte de los impuestos del que no se quiso sacrificar, así es como se premia su esfuerzo", me espetaron. Pues bien, Iñigo Errejón pretendió (ahora está centrado en proponer bajar la jornada laboral a 32 horas semanales y en la salud mental de los españoles) subir el IRPF de los trabajadores más cualificados, los que forman los cuadros de jefatura y directivos de muchas empresas, hasta el 70%, aunque ahora ya pagan hasta el 45%. Esto, más que pagar impuestos, se parece a aquellos soldados que enviaban los señores feudales a robar el grano y las gallinas a los aldeanos. Por supuesto, de entrar a saco contra la economía sumergida y el fraude fiscal, con multas y/o penas de infarto, o retirando el papel moneda y que todos los pagos se hagan con tarjeta, Errejón no ha dicho ni pío. Yo soy de los que piensan que, además de serlo, hay que parecerlo, y a mí no me parece que las ocurrencias de Errejón, a poco que rasques, tengan nada de progresistas.

Seguramente los descendientes de Pelayo, príncipe de los astures y el último de los godos, hicieron mucho por reconquistar la Península Ibérica, pero, yo estoy convencido que los que más hicieron por cargarse el Califato de Córdoba fueron los propios moros del Califato. Después de la guerra civil del año 1009, que estalló tras la muerte del último caudillo amirí, Abd al-Malik al-Muzaffar, y tras el derrocamiento del último califa omeya, Himhan III, el Califato se desintegró en pequeños Estados, los que conocemos como Reinos de Taifas, con sus gobiernos, sus propios impuestos, etc. El descontrol y el desmadre no podían durar eternamente, así que aquellos regímenes políticos autónomos acabaron sucumbiendo 54 años después (la abolición formal del Califato había sido en el año 1031) ante la instauración de los gobiernos almorávides en al-Ándalus en 1085, pero, el poder musulmán ya no volvería a ser el mismo ni a tener la misma fuerza en esta tierra que un día llegaría a llamarse España. A mí se me parece mucho la España actual a los Reinos de Taifas. Un presidente o una presidenta de una comunidad autónoma puede saltarse las órdenes y/o las directrices del Gobierno Central y enfrentarse, con vehemencia, al presidente del Estado, también puede crear un paraíso fiscal en la C A que preside en perjuicio del resto. Echar la culpa a Ayuso de hacer ese tipo de cosas es francamente complicado, cuando hay otras CC AA que gozan de conciertos económicos de privilegio amparados constitucionalmente. Este, y no otros, ha sido el origen del conflicto en Cataluña. Así que las CC AA pueden hacer dos cosas: entrar en una guerra para ver quién pone menos impuestos o dejar que los que hacen ese tipo de cosas se lleven recursos y empresas. Hagas lo que hagas te cargarás los servicios sociales. Es obvio que la capacidad recaudatoria de los territorios de España es bien distinta y es una evidencia que mientras, por ejemplo, Asturias dedica casi el 70% de su Presupuesto a sanidad Madrid no destina a eso ni la mitad. ¿Cómo se puede armonizar todo esto? Es complicado, pero, sin duda, dejar que las CC AA se conviertan en reinos de taifas no es una buena idea, ya sabemos cómo acabaron y cómo acabó el Califato de Córdoba.

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