El akelarre de Colón
Han pasado casi dos meses y tal acto no ha tenido ninguna virtualidad. El Rey Felipe VI ha firmado cada uno de los indultos individuales, que han sido refrendados por el ministro de Justicia.
Pero yerro al escribir que no tuvo ninguna consecuencia, tuvo una importantísima: las declaraciones que al final del acto hizo Díaz Ayuso, muy en su línea de soflamera oficial, en las que interpelaba al Rey Felipe VI: “¿Qué va a hacer, va a firmar esos indultos?”. Ayuso, aunque un nombrado periodista haya escrito que es “casi analfabeta”, sabe que las cuestiones de gracia solo pueden ser dispensadas por el Monarca. Por eso quienes anhelan la República la han nombrado santa patrona; ningún neofranquista ha hecho tanto como ella con sus interpelaciones para que algún día haya en España una República.
El desarrollo del acto también ofrece materia para comentar, basta con releer las palabras dichas por el orador principal, Andrés Trapiello.
Empecemos por el robo descarado del lema ¡Basta ya!, en un intento subliminal de que quienes le escuchaban, y los que leyesen las reseñas del discurso, considerasen a los políticos catalanes unos terroristas asesinos. Pero a renglón seguido vuelve a utilizar el ¡basta ya! para decir que no son fachas, lo cual me lleva al latinajo “excusatio non petita accusatio manifesta”. No son fachas, son neofranquistas.
Sigamos por que manipula a Antonio Machado, convirtiendo un pensamiento de Juan de Mairena en un alegato por el orgullo de sentirse español al completo; por ello contestaré con otro donaire de Juan de Mairena: “¿Dijiste media verdad? Dirán que mientes dos veces si dices la otra mitad”. Trapiello, con lo de español completo, dijo media verdad, pues omitió que esos nacionalistas españolistas que se llamaban a sí mismos “los nacionales” hicieron morir a don Antonio en el exilio, porque al fracasar el golpe de Estado que encabezaba Franco se inició la Guerra Civil, y ellos ganaron la penúltima batalla sobre la que edificaron una dictadura de 40 años. Así pues, Trapiello mintió.
Yo estudié el Bachillerato en Gijón, en el Real Instituto de Jovellanos. En el año 1949 -tenía yo 12 años- nos daba clase de Lengua y Literatura Española don Sebastián Márquez, magnífico profesor que nos habló de Machado diciéndonos que había sido el mejor poeta español desde el siglo XIX. La confusión llegó a mi mente, porque, fuera del instituto, los medios de manipulación del Movimiento, muchos y poderosos, hablaban de “Machado el bueno”. Salí del dilema cuando me enteré de que Antonio Machado tenía un hermano, de nombre Manuel, el cual se había quedado en España.
Sigue Trapiello: “Los actos morales y políticos tienen consecuencias, y este nuestro es un acto moral y político”. Que es un acto político es indudable, prueba de ello es la presencia en la tribuna de oradores de Rosa Díez, una política que flotaba en cualquier salsa: como consejera de un Gobierno del PNV, en el Parlamento europeo aprovechando para traicionar a Zapatero -compañero suyo y presidente del Gobierno en España- porque iniciaba contactos con ETA para lograr su desaparición, fundando el fracasado partido UPyD con la ayuda del PP, que le regaló hasta los muebles de oficina...
Lo de moral no lo entiendo muy bien, porque, según la primera acepción del DRAE, corresponde a las acciones de las personas; ¿es que un acto político autorizado no lleva implícito lo de moral? ¿Son para el escritor opuestos acto político y acto moral? Si intentó crear un oxímoron, ha fracasado su jugada de trile.
El problema de los neofranquistas es que tienen una memoria selectiva que les hace olvidar la historia que hemos vivido, incluyendo el escritor. Trapiello nació en 1953, por lo que cuando el llamado “proceso de Burgos” tenía 17 años; por lo tanto, aunque fuese uno de esos españoles que no eran políticos, algo de lo que entonces se publicó lo entendería. Pues bien, eran miembros de ETA que habían asesinado y fueron condenados a muerte. Los estados europeos, incluyendo el Vaticano, escribieron al Gobierno español, pidiendo la conmutación de la pena de muerte. El clamor fue tal que el vicepresidente del Gobierno, Carrero Blanco, reunió a los ministros para llevarle a Franco la petición de los países europeos y convencerle de indultarles de la pena de muerte. Los políticos por los que Trapiello y los suyos montaron el akelarre no cometieron ningún asesinato.
Pero, además, aunque Trapiello no lo crea, su “malvado Carabel”, es decir, Sánchez, le ha hecho un gran favor a España, o, mejor dicho, a los españoles, porque el día 21 de junio el Consejo de Europa aprobó un informe contra España por el juicio del procés. Y es que Llarena, como juez instructor, y Marchena, como presidente del tribunal, incurrieron en contaminaciones y dudas que invalidan gran parte de lo juzgado, principalmente las penas. Llarena, reuniéndose con el opusdeísta Fernández Díaz -ahora procesado por la “operación Kitchen”-, contaminó todas las pruebas. Marchena, rebuscando en el Código Penal una percha para colgar el delito de los políticos juzgados y filtrando que dudaba entre sublevación o rebelión, olvidó que nuestro derecho debe ser conforme a los parámetros de la UE, y no lo fue en este caso. El indulto que tanto ofende a Trapiello consolida la democracia y es un escudo que protege a la monarquía, por mucho que a Miguel Ángel Rodríguez, el Rasputín áulico de Ayuso, le provoque erisipela.
¡Y es que encima fueron torpes! ¡Mira que poner un día 13 un acto político y moral!
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