Falacia

7 de Agosto del 2021 - Marino Iglesias Pidal (gjón)

Si en algún momento un infarto me fulmina, veo como causa muy probable la alteración que me provoca mi falta de memoria, especialmente en lo que atañe al vocabulario.

Generalmente, por no decir siempre, cuando busco una palabra que no recuerdo me desespero porque no tengo duda de que esa palabra formaba parte de mi acervo lingüístico.

Hoy, ahora, llevo un buen rato tratando de hallar una palabra que, por primera vez, no estoy seguro de no encontrarla porque se ha ido de mi memoria, o porque, simplemente, nunca ha existido.

Cansado de buscar, resoplo y opto por “falacia”. Engaño o mentira que se esconde bajo algo, en especial cuando se pone de manifiesto su falta de verdad.

Estoy convencido de que los años por mí vividos, no me refiero a mis vivencias, sino a los transcurridos entre la fecha de mi nacimiento y el día de hoy, estoy convencido, decía, y me ratifico cada día en ese convencimiento, han sido los mejores en muchas centurias de las vividas, al menos, en España.

La sociedad española parece un objeto más, sometido a la fuerza de gravedad en su caída libre. Dada su aceleración de 9,8 metros por segundo y dado el tiempo transcurrido desde el inicio de su caída, va como un tiro hacia el fondo del abismo.

Y no es por un sentido fatalista, que no tiene, ni siquiera, pienso, por uno antiparabólico, lo acepta simplemente porque le gusta, lo disfruta. ¿Y cómo persuadir a alguien de que no disfrute de lo que le es accesible y le está permitido disfrutar? Muy difícil.

Véase, por ejemplo, la evolución de los gobiernos “democráticos” en este país. No es que ya cada vez sean peores, es que cada vez son más insolentes y desvergonzados. De hecho, ya pasan de cualquier consideración sobre la ética de sus actos. No tienen ningún problema en exhibir la autoría de los más aberrados.

De donde quiera que te llegue un mensaje, de la índole que sea, su presentación, su título, como quieran llamarlo, es una falacia.

Cuando voy a internet en la tele, la primera opción que se me presenta es Youtube. Suelo abrirla para brujulear por ahí un tanto, pero, dada mi experiencia, sabiendo que no menos del 99 % son puras falacias, de todo sobre todo. Un ejemplo sencillito, intrascendente.

Antes de sentarme aquí he leído: Las playas de aguas más calientes de España, y en Asturias sí hay una playa de agua caliente.

He sido un rapacín proveniente de barrio, relativamente, próximo al río Ciares. Mi, considero lógica, niñez veraniega se desarrolló, durante la semana, en aguas de La Islina casi siempre, en El Pliegu Les Rates y El Pozón, algunas, pocas veces, y sábados y domingos, en las de la playa San Lorenzo.

Será porque, en mi juventud, experimenté en las del río Caroní. Ayyyy.... qué caldo maravilloso para un fidéu como yo. Las horas que me pasaba a remojo. Bueno, a lo que iba, será por eso que, habiendo regresado a mis lares, no tardé en zambullirme en las aguas de San Lorenzo, ¡dios, dios, dios! El corrientazo helado que me sacudió la espina dorsal me hizo pensar que cascaba.

Por supuesto que, y de esto ya hace muchos años, no he vuelto a tener semejante ocurrencia.

He contado lo que cuento como explicación de que, hoy, al ver lo de la playa de agua caliente en Asturias, se me olvidó la permanente trácala imperante que todo encierra. Y, efectivamente, leí y leí y… playa calentita dónde estás que no te vi.

No me acostumbro, será por eso que tantas maldiciones reburdio, pero es que el mentir, falsear, engañar, traicionar, “falaciar”, etcétera, es práctica habitual en una sociedad ya podrida que ni se inmuta, por ser consustancial con su actual forma de relacionarse.

Y el que no se adapte que se fuña.

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