Adiós a la mascarilla en interiores
Desde el 14 de agosto, en Dinamarca, con un índice de vacunación similar al nuestro (75%), y a pesar de que su incidencia a 14d por 100.000h (130) es superior a la de España (ya por debajo de 100), la mascarilla en Dinamarca ha dejado de ser obligatoria en interiores (salvo contadísimas excepciones). ¡Bravo! por los daneses y sus ecuánimes gobernantes. Eso es hacer bien “los deberes” y cuando toca. Pero aquí... en España, siempre encontrarán una “excusa”, si no varias, para alargar el uso del “tapabocas” indefinidamente, o dejarlo “en el limbo” (por si la “gripe A” este invierno, por si la variante “X”, por si esto, por si lo otro...), y de paso -por qué no- recomendar su uso “por los siglos de los siglos”. Realmente deprimente, cuando a estas alturas ya habría que haber “reeducado” a la población para que fuera consciente de que la mascarilla ha cumplido su cometido, ha sido una medida eficaz -pero solo temporal-, y es conveniente mentalizarse ¡ya! de que hay que ir prescindiendo de ella -cuanto antes mejor- y sin alargar innecesariamente su uso. Tanto Dinamarca como otros muchos países de su entorno saben que una “sobreprotección” no tiene ningún sentido; es más, se ha demostrado contraproducente para las autodefensas de nuestro organismo. Si en estos momentos, en España, ya sería claramente prescindible el uso de la mascarilla en interiores, seguir poniéndosela en exteriores es directamente una “aberración” que difícilmente se sostiene. Es preocupante. Y de todas estas “conductas absurdas” o temerosas (asimiladas tristemente por no pocas personas) son responsables -en gran medida- los “transmisores de la información” hacia los ciudadanos, esto es, los gobernantes. Pero aún deberían estar a tiempo de “mirarse en el espejo” de los daneses, y hacer los deberes “a tiempo”, en lugar de soltar “chorradas” como que: “La mascarilla ha venido para quedarse”. Téngase presente que, ahora mismo, la incidencia acumulada en España -a 14d/100.000h- es de 92 contagios. Siendo realistas, esto significa que, si usted o yo caminamos por la calle, o por un supermercado, y en el supuesto de que lográsemos cruzarnos con 1.000 personas, entonces ¡0,92 personas estarían contagiadas! (por no hablar del ínfimo riesgo de que esa “fracción de persona” nos infectase realmente ¡y acabásemos muertos!). Entonces, ¿por qué se obliga a la población a llevar mascarilla cuando ya no es necesaria? ¿Se pondría usted un casco -todos los días- al salir a la calle para “prevenir” -por si acaso- la remota posibilidad de la caída de un tiesto? Si es así, métase en una vitrina y deje de vivir... Preocupante “psicosis” la que finalmente se ha transmitido a la población en España... (Una vez “lavado el cerebro” de los ciudadanos, ya es muy difícil dar marcha atrás: “Defendella y no enmendalla”). Esperemos que no sea así. Yo, para prevenir, ya tengo hechas las maletas...
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