Educación politizada, sociedad defenestrada
Tuve la suerte de tener buenos profesores de Historia, de Literatura, de Lengua y de Matemática... (más tarde quise refrescar su imagen, pareciéndome a ellos). Lo primero que me enseñaron fue a "cerrar los libros". Decían que los libros debían ser considerados como algo necesario y por eso tenían que ser buscados, solicitados, consultados y, después, guardados.
Los profesores hablan, los libros ACLARAN.
Los profesores explican, los libros CONCRETAN.
Los profesores afirman, los libros OPINAN.
Los libros son herramientas que deben ser utilizadas solo cuando se necesiten.
Las herramientas, ahora bien, hay que aprender a utilizarlas.
El buen profesor lo llevaba y lo lleva a cabo (la enseñanza DUAL, nombre moderno de una práctica antigua).
En aquellas clases de los 50-60 existían momentos dedicados al estudio...
Cuando uno no era capaz de comprender lo explicado en clase... entonces, con la mano levantada, se pedía permiso para coger y consultar el libro.
La Historia. Recuerdo los cuadros sinópticos, resumen gráfico de los sucesos. Recuerdo, todavía más, cómo los controles se realizaban con preguntas que siempre empezaban así: ¿Por qué...? ¿A qué se debió...? ¿Por qué se aliaron...? De entre esta lista de años, ¿dónde se encuentra cada uno de esos hechos? ¿A qué se debió la Primera Guerra Mundial? ¿Por qué determinados países tienen influencias en otros?
Las respuestas debían ser escritas con frases de no más de diez palabras (aprendíamos, de paso, a escribir y a resumir).
La Literatura. Las épocas eran los elementos dominantes. Eso se aprendía rápido (los más listos sabían hasta los años).
Se leían textos y se enseñaba cómo saber a qué época pertenecían. Reflexión... reflexión... los listos aprendían más detalle, nombres, naciones, ciudades, pero todos aprendían cómo conocer las épocas.
Por suerte, la obligación de LEER, y luego su práctica asidua y personal, se iba consiguiendo, porque los primeros libros obligatorios te los comías por el interés de sus contenidos... poco a poco te enseñaban a leer y a entender selecciones de textos de autores de cada época... más tarde te daban a elegir entre varios libros... después se enseñaba a discutir contenidos de alguno de esos libros... por fin todos sabían lo que era leer y cada cual tomaba la decisión de leer más o menos...
La Lengua. Recuerdo aquellos árboles sintácticos. Aprendíamos antes a pensar porque así sabríamos aprender.
Los sujetos, los verbos, los adjetivos...
La riqueza expresiva de una lengua se deriva de la palabra y su intencionalidad. Nuestra lengua, el castellano, quizá sea el más rico como medio de comunicación lleno de “subjetividades”.
El Quijote, la Picaresca, la Ironía hecha teatro, el misticismo de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila, el romanticismo, el costumbrismo, la historia hecha papel, el mejor invento para conocer las culturas y su evolución...
Ahora nos dominan el misterio, la novela, los ensayos... Seguro que evolucionaremos a mejor.
No debemos olvidar nunca que el arma más mortífera para dividir una sociedad, una nación, es la lengua... las lenguas... y su politización.
Las Matemáticas. Indiferencia es poco, temor, temblor... Motivo... su desconocimiento y la forma de plantear la programación del mismo.
Se comenzaba bien y el afán de implantar temarios “muy poco prácticos” para la generalidad de los alumnos provocaba un rechazo no por su dificultad, sino por el sentimiento para muchos de que esos temas no les iban a servir en el futuro.
Más tarde comprendí que había bastante de realidad en esa postura.
El tiempo me hizo ver que determinados conocimientos o áreas de matemáticas eran muy positivos en determinadas esferas del trabajo. En ese momento lo que fuera difícil se transformó en útil y entendible... “El hambre abre puertas y despachos y, sobre todo, la mente”.
Quizás en esto se ha mejorado algo. Se enseña con sentido más práctico, aunque no estemos tan de acuerdo en las formas.
Podríamos seguir con otras asignaturas como el Latín y el Griego, base de nuestra cultura. Esenciales para conocer nuestros orígenes, nuestra evolución, el porqué de muchas cosas y las importantes herramientas que esos dos idiomas son para la lógica y el razonamiento.
Si hablamos de la Religión, solo indicar que la politización ideológica de este tema hace que se pierda de vista lo que en todas las civilizaciones y en todas las culturas la enseñanza de las creencias propias o generalizadas es normal.
Aquí, en nuestra España, este tema está emponzoñado, mediatizado y envenenado por las “modernas ideologías de género”.
La Iglesia y su jerarquía, entiendo personalmente, tienen mucha responsabilidad en todo ello, dada la muy general opinión de la existencia de ciertas relaciones con los gobiernos, muy calculadas y muy interesadas en aspectos no todos religiosos.
Resumamos todo este galimatías con algunas reflexiones generales de posible interés.
Toda sociedad necesariamente debe tener determinados controles, herramientas para asegurar la convivencia, la igualdad de oportunidades, la seguridad ciudadana, la justicia equitativa...
Una sociedad sin controles se convierte, inexorablemente, en comunas idealistas vitalistas en las que todo lo suyo y solo lo suyo es el componente único, el ombligo de su convivencia.
Los principios de libertad y derecho no deben confundirse como si fueran conceptos individuales exclusivos. También los controles deben forman parte de esos principios, porque cabría la posibilidad de, sin ellos, convertir en dictaduras lo que hoy llamamos sociedades libres y de derecho.
En el mundo de la educación, los controles no interfieren, sino que son las herramientas que, aplicadas con equilibrio, harán de la educación la esencia de una sociedad libre y equilibrada por el derecho.
La formación en una sociedad debe constituir la meta más aspirada, que solo se podrá alcanzar mediante la exigencia que aplican, precisamente, los controles.
En los años 50-60 los suspensos no eran castigos escolares, sino, con conocimiento por parte de los padres, un accidente, no tragedia, pero accidente doloso, punible y, a la vez, reparable.
Hoy no podemos consentir que el accidente se convierta en circunstancia ocasional y comprensible... por tanto, no punibles.
Ello traería convertir los cursos en carreras sin obstáculos, con salida pero sin llegada premiada.
La Educación perfila las características de una nación. Cuando, con un buen criterio, se delega y el uso de dicha delegación es mal desarrollado y, en la práctica, se convierte en un absurdo complejo de “reinos de taifas delegados”... entonces la nación se desintegra por el abuso de derechos, por la falta de respeto a las leyes generales, por los nacionalismos caducos y, sobre todo, por la inacción de los responsables políticos y la dejadez de la base social...
No se quiere apreciar que la lluvia no solamente “cala”, sino que acaba por “modificar” la tierra...
Por ello, la Educación es tema primordial e intransferible.
Si los responsables politizan la educación, no existirá sentimiento de nación ni de sociedad colectiva.
Si nadie es capaz de “dar un puñetazo en la mesa”, la realidad nos dará bofetadas.
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